Me alejo de ti, no me aportas nada

Alejarse de alguien no tiene porqué significar desaparecer de su vida, también puede ser mantener cierta distancia, podemos dejar de ver tanto a esa persona o pasar menos tiempo con ella. Esto es así porque en ocasiones la persona o el ambiente, ya sea uno perturbador o uno vacío de contenido es inevitable, como puede ser el trabajo, la familia una amistad, etc. Son lugares o personas que en su momento nos aportaban algún beneficio pero que actualmente han dejado de hacerlo, más bien se han convertido en perjudiciales. Estamos dejando de lado placeres o cualquier responsabilidad por estar pendientes de ellos, nos preocupa más su opinión que el tiempo estéril que les estamos dedicando, es una situación que no nos beneficia en nada. Nos estamos guiando por las emociones en vez de hacerlo por el raciocinio, el responsable de nuestra evolución. Lo hacemos con cada nueva actividad, leer, hacer ejercicio físico, ver la televisión, conversar, etc.

Lamentablemente no siempre es para mejor, según el contenido de las actividades podemos ir a peor, nuestra mente puede estupidizarse, volverse negativa, perezosa, miedosa y esto se traduce en un cambio de actitud frente a la vida. Quizás antes eras una persona alegre, divertida, trabajadora, responsable y ahora eres todo lo contrario, te has vuelto negativa, miedosa, perezosa e incluso tóxica, todo te parece mal y te pasas el día criticando el sistema social y a los demás. Evidentemente, viendo el cambio tan radical que has sufrido, tus ideas ya no concuerdan con las suyas y los temas de conversación han cambiado, ya no se siente a gusto contigo, es más, le perturba mentalmente estar a tu lado. Afortunadamente, esta situación es reversible y algo sencillo de hacer si nos guiamos por la coherencia conductual, si relacionamos lo que pensamos con lo que hacemos. Antes de nada tenemos que analizar qué estamos buscando de la interacción con esa persona, ambiente o lugar, porque en ocasiones no es la persona, sino, el ambiente en el que interactuamos.

Digamos la ex-pareja, hay gente que siente la obligación de mantener una amistad después de la separación. Para que me entiendas, por un lado está la gente que se preocupa por la opinión ajena y por otro, está la gente que asume responsabilidades innecesarias. Un ejemplo sería la necesidad de mantener relaciones con amistades del pasado, en su momento fueron agradables e incluso fructíferas pero la misma palabra lo dice, pasado. No estoy diciendo que las olvidemos pero sí que cambiemos el sentimiento hacia ellas. Mientras duró la relación fue genial pero se ha acabado.

Hay que entender que la vida funciona por etapas y en cada una conocemos gente diferente, de estas personas una pequeña minoría nos acompañará en las siguientes e incluso habrá quien esté en todas. Con esto quiero explicar que hay que saber diferenciar las etapas y ser consciente de lo que buscamos en cada una de ellas.

En definitiva, una vez lo tengas claro puedes empezar a marcar las líneas rojas, son conductas y palabras que no permites a nadie, te producen rechazo. Te lo explico de otra forma, pongamos que tú y yo somos amigos, nos une el buen rollo y las risas pero por circunstancias ajenas a mí, tu humor cambia, te has vuelto aburrido, y no sales de casa, mi labor como amigo es preguntarte qué te pasa e intentar ayudarte. Indudablemente, si transcurrido un tiempo no reaccionas y te quedas con tu nueva forma de ser, tengo que alejarme de ti, somos amigos y te iré viendo de vez en cuando pero no tanto como hasta ahora porque tu comportamiento me está perjudicando o simplemente no me aporta nada, nuestras conversaciones se han vuelto estériles y las encuentro una pérdida de tiempo.

Esto sería por un lado y por otro tenemos que trabajar la capacidad de hablar claro y conciso, decir las palabras adecuadas y con el tono exacto. Por ejemplo, en este caso en particular te diría: – Me caes muy bien pero tu actitud ha cambiado, te has vuelto negativo y cuando estoy contigo siento que me quedo sin energía, me la absorbes, lamentablemente he decidido pasar menos tiempo contigo. Ahora, si decides cambiar, estaré encantado de volver a dedicarte mi tiempo –. Hablando de esta forma no dejamos espacio para las dudas ni para las interpretaciones subjetivas, es mejor dejar las cosas claras que alejarse sin más.

Sin embargo, esta segunda opción es muy efectiva cuando no hay un lienzo emocional, sino, más bien una simple amistad o un interés en particular. Estamos viendo que no conseguimos lo que buscamos y decidimos alejarnos sin más, sin en algún momento nos preguntan, se lo decimos y listo. Te acabo de definir la capacidad para decir NO, no quiero más. Es más sencillo de lo que parece, tienes que buscar la coherencia entre lo que estás haciendo y lo que sientes, si es desagradable significa que no te convence, entonces tu respuesta tiene que ser negativa, así se simple. Tienes que hacer menos caso a las emociones y centrarte más en las sensaciones. Las primeras son inevitables, sin embargo, las segundas se pueden condicionar y adaptarlas a nuestro interés.

A modo de conclusión y resumiendo el artículo, hay que tener el valor de alejarse de los lugares y de la gente que no nos aporta nada y en muchas ocasiones, nos perjudica. Seguramente no sea fácil pero en estos casos hay que anteponer el razonamiento a las emociones. Si la situación en vez de sumar, resta, aléjate. No tiene sentido quedarte ahí, estás desperdiciando tu potencial y lo más importante, tu tiempo.

Por: Omar el Bachiri

Psicólogo clínico y escritor

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