
¿Cómo empieza la agresión física en la relación sentimental?
Sep 23, 2026
Cuando hay una agresión física en la relación de pareja es que porque ya ha llegado a su fin y no hay vuelta atrás. El sujeto que agrede físicamente al otro miembro de la pareja es porque le ha perdido el respeto y siente por él de todo, menos amor. Con lo cual, es una locura o estupidez quedarse más tiempo a su lado por mucho que justifique su comportamiento dado que jamás se lastima voluntariamente a la persona amada. A su vez, antes de llegar a la agresión física, primero hay que pasar por la verbal y la emocional para así dañarle la autoestima y la autoconfianza y se quede sin herramientas mentales para defenderse. Por consiguiente la víctima aprende a no defenderse frente al menosprecio y que en psicología lo denominamos la “indefensión aprendidas”. Esto es cuando por mucho que luchemos contra alguna injusticia o algún problema que tengamos, no conseguimos resultados favorables y consecuentemente, abandonamos porque damos por hecho que no hay remedio.
Pero, el problema no radica exactamente aquí, si no, en su generalización porque no tenemos en cuenta los factores que nos impedían conseguir el resultado favorable (nuestra edad, nivel cultural, capacidad económica o mental, ambiente social, lugar de residencia, leyes gubernamentales, etc.) Todo este conjunto de variables son temporales, pero, las interpretamos como inamovibles y ahí mismo radica la indefensión aprendida. No es lo mismo tener 15 años, 25, que más de 40 y tampoco es lo mimo residir en un sitio que en otro y así con todos los ejemplos mencionados anteriormente. Así pues, y retomando el artículo, cuando nuestra pareja nos golpea y no la denunciamos públicamente o frente a las autoridades pertinentes es porque anteriormente ya intentamos frenar su comportamiento dañino y no lo conseguimos.
Pero igualmente, en muchas ocasiones, creemos que nos lo merecemos y buscamos justificar su comportamiento porque lo consideramos como un castigo que nos merecemos. Tenemos la autoestima y la autoconfianza tan dañadas que hemos perdido la referencia para distinguir entre el mal y el bien y por consiguiente, no sabemos si nos están agrediendo, castigando o premiando cuando el dolor ejercido es menor que en otras ocasiones. El sujeto nos ha deshumanizado y por consiguiente, hemos pasado a ser su mascota de compañía, su esclavo o un simple objeto más del hogar. Para él, somos seres sin sentimientos y sin valor social alguno y que nuestro deber es satisfacerle en todo momento.
Por: Omar el Bachiri
Psicólogo clínico y escritor


