El precio psicológico de ser guapos o atractivos

El precio psicológico de ser guapos o atractivos

Oct 11, 2025 0 Por Omar El Bachiri

Cuando alguien basa toda su autoestima y su círculo social sólo en el atractivo físico, con el transcurso de los años esto, se traduce en baja autoestima y la necesidad de gustar a los demás. La persona vive con el miedo a engordar y con la fobia a las arrugas y, por lo tanto, dedica una gran parte de su día a cuidarse la silueta. Las cremas, el deporte desmesurado, los centros de estética y según su capacidad económica, también las cirugías estéticas son sus aliados, no puede vivir sin ellos. Son la base de su bienestar dado que, va contra natura, no acepta el envejecimiento y todavía menos, el aspecto físico que conlleva.

Ciertamente, es un comportamiento que empieza de muy pequeños, cuando en la escuela o en casa le recuerdan constantemente al menor su belleza o atractivo físico y además, le insisten que gracias a ello, triunfará en la vida. Es decir, inconscientemente, están haciendo que la criatura se mueva buscando la aceptación social y que lo valoren por su aspecto físico, en vez de hacerlo por sus aptitudes cognitivas y lamentablemente, es una realidad que ser agraciados físicamente abre más puertas que no serlo, pero hasta cierto punto. Después, la inteligencia y la astucia cogen el relevo, entonces quien tenga el paquete completo, es alguien muy afortunado, porque además de tener más puertas abiertas, sabe sacarles provecho.

Por ejemplo, puede ser modelo y aprovechar la fama y dinero que gana para crear su propia empresa; entrar de cajero en un supermercado y acabar siendo el gerente; empezar de camarero y finalmente, ser el propietario del local, etc. Por el contrario, cuando únicamente está el aspecto físico, el crio está predestinado al fracaso social y esto lo vemos en los adolescentes que durante la etapa escolar han sido el centro de atención de los demás porque destacaban por su atractivo físico. No han visto necesario potenciar otras aptitudes, como pueden ser la inteligencia emocional o financiera y lamentablemente, se vuelven adultos dependientes económicamente o emocionalmente de alguien más. No tienen la capacidad, ni las habilitades sociales para moverse por su propio pie.

Por: Omar el Bachiri

Psicólogo clínico y escritor