
Las religiones y el control emocional
Jun 20, 2026
Es curioso cómo hay gente que no sabe vivir por sí misma, que necesita la aprobación de alguien más, de alguien que la vaya guiando. Qué hacer y qué no hacer y, sobre todo, que le dé sentido a su vida porque parece ser que va perdida cuando la verdad es que nadie conoce el significado de la vida. Solo sabemos que tenemos un organismo y que gracias tanto al corazón como al cerebro podemos ver, sentir y oír, es decir, nos permite interactuar socialmente y, por ende, tenemos la opción de elegir dónde ir y esto se traduce en la supervivencia. Por lo tanto, está claro que la función que tenemos es alejarnos de la muerte y cada cual lo hace a su manera, viviendo en el malestar o por el contrario, en el bienestar; maldiciendo su vida o disfrutándola. Así mismo es un hecho que nacemos y pasado un tiempo morimos, solo que unos antes que otros, pero nadie vive eternamente dado que nuestro organismo tiene fecha de caducidad.
Cada segundo que pasa envejecemos y esto conlleva muchas veces enfermar porque estamos más débiles, pero aun así, hay quien cree que una vez muertos la cosa no acaba ahí y a partir de aquí, muchas veces empieza la necesidad de creer en algún ser superior. En alguien que nos asegure que después de la muerte hay vida y que nuestro paso por la tierra tiene un sentido en concreto, y en este inciso es donde las religiones han encontrado nuestro talón de Aquiles, nuestro punto débil. Nos aseguran que si no hacemos el bien mientras estamos vivos, lo pagaremos con el dolor en la siguiente vida y a partir de aquí, unos hablan de la reencarnación y otros de vivir en el cielo o en el infierno. La cuestión es que utilizan el control emocional para conseguirlo y vaya que sí lo consiguen; el mundo está lleno de fieles, de seguidores de alguna religión y, por eso mismo, hay quien ha visto negocio en esto y se está haciendo millonario.
Está jugando con las creencias que da cada uno y lo está haciendo tan bien que sus seguidores son capaces de donar todas sus pertenencias a la causa. Pero lo más interesante es ver cómo estos fieles tachan de herejes o inconscientes a los que no comparten su visión de la vida y, en muchas ocasiones, quieren convertirlos a su religión. Así es que, en vez de dejar vivir a los demás tranquilamente, quieren imponerles sus creencias y, curiosamente, este modo de comportarse jamás sucede a la inversa. La persona no creyente nunca intenta convencer a los demás de que dejen de lado sus creencias o abandonen sus religiones.
Esta gente predica con el ejemplo y sí que deja vivir a los demás sin juzgarlos, sin decirles en lo que tienen que creer para ser felices porque, en parte, ser creyente no tiene nada que ver con la felicidad. Es más bien, creer en algo para dejar de tenerle miedo a la muerte y por eso mismo, mucha gente se vuelve creyente en cuanto enferma gravemente y le habla en voz baja a algún ser superior creyendo que le está escuchando. Es como si pensando en voz alta la situación fuera a mejorar de la noche a la mañana.
Por: Omar el Bachiri
Psicólogo clínico y escritor


