
Reinventarse laboralmente
Jun 5, 2026En ocasiones, la vida nos cambia de rumbo repentinamente y nos deja descolocados laboralmente; los planes de futuro que teníamos se esfuman en un abrir y cerrar de ojos. Pero lo curioso es la manera que tiene de hacerlo, porque en ocasiones utiliza el despido y en otras, la renuncia voluntaria; la ansiedad, el estrés, la depresión o la desilusión del momento nos dan un pequeño empujón. Por la parte del despido, suele ser más común a partir de los 50 años y su motivación es la fuente económica, porque todos sabemos que sin dinero no podemos subsistir. Es una edad donde somos demasiado jóvenes como para acceder a la jubilación y demasiado mayores como para encontrar un trabajo igual de bien remunerado que el anterior. A su vez, esta situación es cada vez más frecuente, ya que las empresas prefieren contratar a gente más joven, valoran más los estudios académicos de los candidatos que su experiencia y, salvo en algunos oficios como, por ejemplo, la construcción o la mecánica, suele ser la dinámica más habitual. Este modo de actuar se denomina viejismo o edadismo y es la discriminación por la edad. Una realidad de la que nadie se escapa porque todos envejecemos, nadie es joven eternamente, y esto abre un debate social porque, si la jubilación está alrededor de los 65 años, – ¿Cómo puede ser que con apenas 50 seamos considerados viejos para que las empresas nos contraten? –
Sin embargo, por la otra parte, el cambio viene más por la necesidad de satisfacción personal y muchas veces el factor económico queda en segundo plano. El sujeto prefiere ganar menos dinero, pero realizar algo que realmente le gusta, que le llena interiormente o también que lo mantenga alejado del malestar mental (ansiedad y estrés), ya que estos dos estados emocionales pueden provocar daños irreparables en el organismo y, a modo de ejemplo, tenemos el mobbing y el burnout. El primero es cuando recibimos de manera continua maltrato físico o psicológico por parte de los compañeros o los superiores jerárquicos, y el segundo es cuando el trabajo nos supera anímicamente y nos vemos incapaces de realizarlo correctamente; es pensar en él y temblar de miedo.
Por eso mismo hay quien renuncia a su empleo de más de diez años o soñado y además, con un buen sueldo para aceptar otro totalmente diferente y menos remunerado, o en ocasiones, también opta por crear su propia empresa. Se deja llevar por las ganas de construir y al mismo tiempo, de no depender económicamente de alguien más y prefiere invertir su tiempo en su idea, en su creación. Así mismo, también está el sujeto que desea un cambio, pero se mueve por el factor económico y busca un ingreso mayor y consecuentemente, cambia de profesión o como en el caso anterior, monta su propia empresa. Igualmente, esta segunda opción suele ser la más utilizada por la gente que se queda sin trabajo a partir de los 50 años, invierte la mayoría de sus ahorros en montar su propio negocio.
Por: Omar el Bachiri
Psicólogo clínico y escritor


