
Dejar el alcohol de lado
Jun 22, 2026Salir del alcoholismo es tan difícil porque el sujeto adicto tiene que cambiar de hábitos y costumbres y, sobre todo, alejarse de ciertas personas y lugares. Es decir, tiene que resetear su vida social y adquirir otra manera de vivir más acorde con la no consumición de alcohol y, por suerte, hay una que se solapa a la perfección: la deportista. Quizás a simple vista no parezca que haya conexión alguna, pero si lo analizamos detalladamente, veremos que haciendo ejercicio físico de manera regular e intensamente nos sentimos bien con nosotros mismos porque el organismo segrega un conjunto de neurotransmisores y hormonas.
Esta combinación de químicos naturales provoca los mismos efectos cerebrales que el alcohol, pero es que además, en vez de dañar el organismo, hace justo lo contrario, lo fortalece. Luego, otro beneficio del ejercicio físico es la calma mental que genera y esto facilita afrontar la jornada diaria porque sabemos que, una vez hayamos cumplido con nuestras obligaciones, por mucho estrés o cansancio que acumulemos, en cuanto realicemos nuestros ejercicios físicos, nos sentiremos mejor. Somos conscientes del esfuerzo que requiere ejercitarse después de la jornada laboral y, por consiguiente, nos alimentamos correctamente y, paralelamente, priorizamos el descanso y dejamos el ocio como segunda opción. Entendemos la importancia del sueño reparador y sabemos que el consumo de alcohol dificulta la recuperación muscular, y es que tanto en el alcoholismo como en cualquier otra adicción, la mejor manera de superarlo es realizando alguna actividad que nos mantenga distraídos.
Solo que la actividad física es la mejor porque nos distrae tanto mentalmente como físicamente y, aparte, genera placer y reduce el dolor muscular y articular. Por lo tanto, todo son ventajas y, además, es un mundo donde raramente encontramos gente malhumorada, angustiada o amargada. Así que, inconscientemente, también estamos entrando en un ambiente social facilitador del bienestar mental, en una comunidad sana.
Por: Omar el Bachiri
Psicólogo clínico y escritor


