
No siempre es malo tener miedo
Sep 2, 2026El miedo, como cualquier otra emoción básica que tenemos, está para avisarnos de un cambio en nuestro medio ambiente o circunstancia que estemos presenciando. Es decir, nos está diciendo que estemos atentos porque nos va la vida en ello, o por lo menos, que nos afectará de alguna manera si no hacemos algo al respecto. Asimismo, estas emociones son innatas, no podemos evitar su aparición; sin embargo, sí que podemos moldear su significado e intensidad. Con lo cual, y escribiendo sobre la aparición del miedo, no siempre tiene que ser negativo o peligroso, ya que únicamente es perjudicial cuando nos paraliza porque van pasando las horas, los días, las semanas o incluso los años y no avanzamos. Sin embargo, si lo utilizamos como una herramienta para aprender, se transforma en algo positivo y productivo porque nos obligamos a informarnos sobre él. Leemos, vemos documentales y hablamos con gente que entiende del tema y, consecuentemente, el miedo se desvanece o, por lo menos, pierde fuerza.
Sea el miedo a estar solos, a volar en avión, a engordar, a enfermar, a la pobreza, a envejecer, a los reptiles, a la sangre, a la oscuridad, etc. Con lo cual, si en algún momento se presenta la situación o el objeto en concreto, ya sabremos cómo comportarnos porque tendremos las herramientas mentales para ello. Nuestra mente estará preparada para enfrentarlo y en consecuencia, la ansiedad o el estrés del momento no aparecerán porque lo veremos simplemente como algo más a superar. Así pues, digamos que nos hemos hecho una reducción de estómago o liposucción y hemos perdido el peso deseado, pues no tendremos miedo a recuperarlo porque ya sabremos qué tipo de ejercicios hacer y qué alimentos ingerir.
Igual que si tenemos miedo a la pobreza y malvivir, pues ya habremos ahorrado para evitar esta situación; nuestro modo de vida estará enfocado temporalmente a acumular la cantidad de dinero que consideremos necesaria para evitar ese miedo. Igualmente, lo más interesante del proceso de aprendizaje no es conseguir el objetivo marcado, sino el cambio físico o mental que adquirimos y por eso mismo, los miedos van cambiando o desapareciendo según vamos avanzando en el proceso. Por ejemplo, el miedo a enfermar o engordar nos obliga a cuidarnos físicamente: realizar ejercicio físico, cuidar nuestra higiene del sueño y alimentarnos correctamente. En definitiva, nuestra manera de interpretar la vida puede verse modificada porque muchas veces este cambio de hábitos y costumbres lleva consigo también un cambio de ambiente social (amistades, trabajo y lugares frecuentados).
Por: Omar el Bachiri
Psicólogo clínico y escritor


