
La adaptación hedónica
Jul 23, 2025La alegría de haber obtenido aquello que buscábamos o el placer por haber vivido una experiencia agradable desvanece transcurrido poco tiempo. A modo de ejemplo tenemos, cuando ganamos la lotería, aprobamos un examen difícil, acabamos de pagar la hipoteca, conquistamos a la persona amada, superamos una situación complicada, obtenemos un aumento salarial, etc. Entonces, dependiendo de la casuística y de las circunstancias del momento, podemos hablar desde algunas horas, hasta unos pocos meses. Nuestro cerebro para no enloquecer por la cantidad de neurotransmisores que lo inundan a causa del placer obtenido, se autorregula él mismo y se adapta al nuevo estado emocional, pero sin olvidar los pensamientos del estado anterior, porque es su punto de equilibrio.
Por eso mismo, siempre acaba volviendo a ellos y como tal, también a su anterior estado, se ha acostumbrado a interpretar la realidad e interactuar socialmente desde él, por lo tanto, por mucho que aumente, siempre será momentáneo. Así es que, si queremos cambiar nuestra personalidad o modificar nuestro carácter para que la experiencia de placer dure más tiempo, tenemos que trabajar primero en nuestra manera de pensar. El cambio empieza en nuestro interior y con esto quiero decir, que, si antes de la experiencia positiva estábamos amargados, tristes, malhumorados, etc. volvemos a tener las mismas sensaciones y comportamientos. Pero igualmente, aunque estuviéramos contentos, también volvemos al mismo nivel de alegría, no se mantiene en el actual y es que desgraciadamente, cuando hay un vacío o cualquier malestar, por muchas cosas que nos regalen o frases bonitas que nos digan, no tienen un efecto duradero.
Nos gusta y lo disfrutamos, pero no tenemos la capacidad, ni las herramientas cognitivas para hacerlo durar en el tiempo y un factor muy importante, es la poca memoria que tenemos. Rápidamente, nos olvidamos de cómo estábamos hasta aquel preciso momento (con problemas de salud, familiares, personales, económicos, etc.) Así pues, no valoramos adecuadamente la nueva situación, no nos damos cuenta de la suerte que tenemos por haber obtenido aquello que tanto deseábamos. Se evapora al poco tiempo después dado que, sólo podemos gestionar las situaciones o estados emocionales que estamos acostumbrados a tratar o a sentir. Así es que, si vivimos en el malestar de manera permanente, en la penuria, o no gestionamos de manera productiva el dinero, en el momento que la situación mejora de golpe, nos vemos desbordados. Entonces, una manera de evitar que esto vuelva a suceder, es teniendo siempre presente la situación personal antes del momento de haber conseguido el objetivo deseado.
Se trata de mirar hacia el futuro, sin olvidar el pasado y estar mentalmente en el presente. No volvemos al pasado para revivir las penas, sino más bien, para no olvidar el por qué queríamos conseguir nuestro objetivo (jugar a la lotería, mejorar el aspecto físico, cambiar de trabajo, tener pareja sentimental, formar una familia, etc.) Pensando así, nos avanzamos a los actos y calculamos al detalle qué hacer con la nueva situación, cómo disfrutarla y sobre todo, buscamos cómo hacerla durar más tiempo.
Por: Omar el Bachiri
Psicólogo clínico y escritor


