
Autolesionarse para a evadir el dolor emocional
Mar 26, 2026La mala gestión emocional es una fuente de malestar constante porque, ante el primer obstáculo que nos encontramos en el camino, no sabemos cómo afrontarlo de manera no catastrofista. El problema quizás no es muy grave, pero la falta de recursos emocionales provoca una reacción excesiva y además, fuera de contexto. — ¿Cómo puede alguien infligirse dolor físico simplemente por haber cometido un error, una equivocación o no superar una situación en concreto? — Curiosamente, la respuesta está lejos de ir acorde con el comportamiento, dado que el sujeto está buscando sentir dolor físico para suplantar el emocional.
Es decir, no lo hace para autocastigarse, ni tampoco porque tenga una baja autoestima y por ende, creer que se merece un castigo. Es más bien que la ansiedad, la depresión, la angustia o la melancolía son malinterpretadas o no aceptadas y el hecho de sentir dolor físico le evita pensar en su malestar. Es su manera de evadirse mentalmente, igual que podría hacer ejercicio físico, fumar, beber alcohol, salir con los amigos, leer, entrar en las redes sociales, viajar, etc. No tiene las herramientas necesarias para superar la frustración, un sentimiento que surge, en parte, por no conseguir los objetivos personales o porque las cosas no son como deseamos.
En este caso, el sujeto no ha trabajado su resiliencia, la capacidad de superar los obstáculos sin traumatizarse y que, lamentablemente, influye directamente en la capacidad de gestionar la frustración. Por lo tanto, para evitar adquirir este tipo de comportamiento, hay que entender por qué surgen las emociones para así poder afrontarlas sentimentalmente. Si bien es cierto que las emociones son innatas, surgen sin que las podamos evitar; sin embargo, los sentimientos son el significado que les damos y, por lo tanto, podemos condicionar su aparición y, sobre todo, regular su intensidad. Resumiendo, que infligirse dolor puede cambiarse por otro comportamiento más saludable y aun así, también obtener el mismo resultado.
Por: Omar el Bachiri
Psicólogo clínico y escritor


