La felicidad implica tener libertad

La felicidad implica tener libertad

Nov 7, 2024 0 Por Omar El Bachiri

Raramente, alguien puede ser feliz si no tiene la posibilidad de decidir qué hacer y donde ir, es decir, de disfrutar de sus bienes y de su tiempo. Con lo cual, tener dinero y tiempo libre para disfrutarlo y no poder hacerlo, no tiene ningún sentido. Es como vivir en una jaula de oro y querer salir a volar de vez en cuando, pero no podemos hacerlo, porque dependemos de la autorización de alguien más. Llamémosle dependencia emocional, económica, miedos, o deudas bancarias, no hay diferencia entre ellos en este aspecto, porque todos nos privan de la libertad de movimiento, no podemos ir donde queremos, ni hacer aquello que deseamos. Por lo tanto, hemos perdido uno de los pilares que nos diferencian del resto de los animales, la libertad dado que, es ilegal retenernos en contra de nuestra voluntad.

Pero desgraciadamente, las carencias emocionales, cognitivas, o económicas provocan que mucha gente se olvide de su importancia y como tal, acaban viviendo en la ansiedad continua, que, por cierto, es un estado anímico facilitador de la depresión e incluso, también potenciador. La frustración de querer hacer algo y no poder hacerlo, a pesar de ser capaces, es abismal porque nos instaura el sentimiento de culpabilidad dado que, sabemos que estamos como estamos por decisión propia. Sabíamos en qué mundo estábamos entrando, pero nuestra carencia era insoportable y teníamos que llenar ese espacio como fuera, incluso perdiendo la libertad. Es decir, hemos firmado un contrato de esclavitud y desgraciadamente, la mayor parte de las veces, es indefinido en el tiempo.

Así pues, es una realidad que sin libertad, raramente seremos felices, aun teniendo el bienestar y todas las comodidades deseadas. Esto es así, porque la ilusión se debilita bastante y como tal, la esperanza acaba desapareciendo y lamentablemente, sin ella, no hay motivación para superar ningún obstáculo, ni tampoco para conseguir nuestros objetivos personales. No le vemos sentido a hacer nada que conlleve un esfuerzo porque interpretamos que no hay cambios posibles e inevitablemente, atraemos el malestar. En conclusión, que físicamente estamos en nuestra jaula de oro, un paraíso envidiado seguramente por muchos, pero mentalmente, estamos ubicados en el exterior y, por lo tanto, no la disfrutamos. Así pues, imaginemos que nos queremos ir de vacaciones, cambiar cualquier electrodoméstico, el mobiliario de la casa, reparar el vehículo, etc., pero somos conscientes de que no podemos hacerlo porque tenemos deudas con el banco o con cualquier otra entidad financiera.

Así mismo, podemos tener ganas de ir a la playa, a esquiar, o simplemente quedar con los amigos para tomar algo y hablar, pero tenemos una pareja sentimental controladora y que además, dependemos de ella económicamente, pues, también nos será imposible hacerlo. Somos conscientes de que los efectos negativos que recibiremos superan con creces a los buenos y en consecuencia, nos quedamos en casa cerrados, en nuestra burbuja. Luego, paralelamente, nos autoengañamos, nos autoconvencemos de que tan mal no estamos.

De que hay gente peor, para así, poder sobrellevar la situación, aun estando viviendo un infierno porque no podemos hacer lo que realmente nos interesa. La falta de motivación nos ha debilitado mentalmente y no tenemos fuerzas como para intentar cambiar la situación y la acabamos aceptando cómo definitiva. Por consiguiente, para no entrar en este mundo, jamás tenemos que alejarnos de lo que nos aporta alegría y/o bienestar, porque de este modo, cuando nuestro comportamiento nos separe de estas sensaciones, sabremos que nos estamos equivocando y querremos rectificar.

Por: Omar el Bachiri

Psicólogo clínico y escritor