La propina emocional

La propina emocional

Abr 20, 2026 0 Por Omar El Bachiri

Es un hecho que a todos nos gusta que recuerden nuestro nombre cuando conocemos a alguien y, pasado un tiempo, nos lo reencontramos. También es cierto que nos gusta sentirnos reforzados en cuanto a nuestro comportamiento social o cuando hacemos cualquier cosa en el ámbito personal. No es que dependamos de la validación externa para sentirnos bien con nosotros mismos, sino más bien, es percibir que la otra parte es agradecida por lo que hacemos. Del mismo modo, es una manera de mostrar nuestro agrado al servicio recibido por los demás sin necesidad de pagar por ello.

Así es que, en el ámbito laboral, cuando ya ganamos suficiente para cubrir nuestros gastos de supervivencia y de placer, lo que nos genera un sentimiento de placer es ser valorados por nuestros superiores. Con lo cual, si estamos en una posición de poder, es bueno tenerlo presente y de este modo premiar con la propina emocional, y esta no es más que decir, por ejemplo: bien hecho; estás mejorando; sigue así, vas por buen camino; puedes irte ya, o mañana ven más tarde; etc. Son palabras o hechos que no cuestan nada, pero que tienen un valor emocional enorme para quien los recibe, e igualmente funciona en cualquier ámbito en el que interactuemos. El simple hecho de saludar a la gente que nos encontramos por la calle puede alegrarle el día o incluso salvarle la vida a alguien, porque no sabemos por qué circunstancia personal está pasando.

Esta persona quizás siente que es invisible a ojos de los demás y el hecho de saludarla ha hecho que se sienta viva porque existe para los demás, hemos percibido su presencia. Luego, otro ejemplo lo encontramos en los gimnasios, cuando le decimos a un compañero que ha mejorado su aspecto físico porque quizás él no está viendo el resultado, pero realmente está consiguiendo su objetivo. Ahora, y para acabar el artículo, por esto mismo la propina jamás tiene que ser obligatoria porque es un premio por el trabajo bien hecho y este solo lo puede valorar la parte contraria.

Por: Omar el Bachiri

Psicólogo clínico y escritor