Unir el amor con el dinero

Unir el amor con el dinero

Dic 31, 2025 0 Por Omar El Bachiri

 

Esta fusión, siempre que no sea en el ámbito empresarial, está destinada al fracaso o, por lo menos, al malestar mental. Con lo cual, si no vamos a aceptar las consecuencias que pueden surgir, jamás hay que unir ambos conceptos, dado que el amor es un sentimiento y, como tal, es subjetivo. Por su parte, el dinero es objetivo, aunque tiene la capacidad de generar emociones y, por ende, también sentimientos. Por lo tanto, aun siendo objetivo, también es subjetivo y esta parte es la causante de todos los males en la relación de pareja. Así es que, para evitar cualquier problema en la pareja, hay que eliminar este factor y esto se consigue con la independencia económica de cada uno.

Es decir, que cada cónyuge tenga su libertad financiera y decida por sí mismo qué hacer con su dinero, en qué gastarlo y cómo. Así es que, eliminando la parte económica de la relación, todo se vuelve más sencillo porque, junto al amor, son los dos factores que más estrés y ansiedad generan, y esto se ve claramente cuando hay una ruptura. Ambos cónyuges luchan por los bienes materiales y por la cantidad de dinero que hay en la cuenta corriente y, referente al amor, ambos se sienten desilusionados o traicionados por el otro. Así pues, eliminando el dinero, únicamente queda centrarse en la parte amorosa y, consecuentemente, hay menos de qué preocuparse y, por ende, tenemos más tiempo y energía para dedicar a nuestra pareja.

Luego, tampoco somos una ONG como para querer salvar a la otra persona porque todos somos mayores de edad y, por lo tanto, todos tenemos la capacidad de generar ingresos económicos. Así es que, si queremos tener una relación amorosa sana y sin muchos altibajos emocionales, lo mejor es no unir jamás las cuentas bancarias y, si se hace, hay que asumir el riesgo que ello conlleva. Además, por otro lado está también el factor generosidad y sorpresa, y es que si el dinero es de ambos, los regalos dejan de serlo y se convierten en gastos a medias.

Por: Omar el Bachiri

Psicólogo clínico y escritor