
Marcarnos límites para así, poder limitar a los demás
Ene 31, 2025A nadie nos gusta que nos vacilen o que nos falten al respeto, pero no todos tenemos las herramientas cognitivas como para encararnos a la otra parte y hacerle entender que se está pasando de la raya. Que podemos ser familiares, compañeros de trabajo o amigos, pero esto, no le da el derecho a tratarnos cómo quiera y todavía más, si su comportamiento nos daña. Así pues, primero tenemos que ser conscientes de nuestro valor social y sobre todo, de nuestro autoconcepto para así, poder limitar nuestra paciencia. Es decir, porque si nos consideramos valientes, talentosos, empáticos, educados, trabajadores, buena gente, etc. nunca permitiremos que nos falten al respeto gratuitamente. Sólo sentirnos ofendidos, actuaremos con contundencia dado que, las palabras o el comportamiento de la otra parte no va con nosotros, no nos define y, por lo tanto, nos defendemos.
Si nos llaman inútiles, burros, imbéciles, desgraciados, incompetentes, etc. no lo permitiremos porque no es cierto y, en consecuencia, lo desmentimos y es que no hacerlo, conlleva que la otra parte se crezca emocionalmente y dé por hecho, que nos puede tratar como le apetezca. Igualmente, dudo mucho que alguien se insulte a sí mismo, pero, sin embargo, permite otros lo insulten, y por eso mismo, tenemos que limitar nuestra paciencia. Cada uno, tendrá su límite, porque todos somos diferentes y consecuentemente, nuestra personalidad también difiere, pero, aun así, no tenemos que permitir que nadie nos falte al respeto, porque desgraciadamente, perderemos la condición de seres humanos. Poco a poco nos deshumanizaremos y daremos por hecho que nos merecemos este trato tan desagradable o por lo menos, le quitaremos importancia, autoconvenciéndonos de que no es para tanto.
Con lo cual, nuestro estado anímico decaerá hasta alcanzar niveles insólitos y transcurridos pocos meses dejaremos de ser nosotros mismos, no nos reconoceremos y por muy fuertes que nos consideráramos en el pasado, actualmente, estaremos deshechos moralmente. Por lo tanto, quien tenga la fortuna de darse cuenta, todavía puede cambiar la situación, pero lamentablemente, es una minoría y es que una vez deshumanizados, es muy difícil volver a razonar porque nos movemos por las emociones. Nuestro comportamiento está enfocado en la supervivencia y nuestro organismo únicamente se guía por la parte emocional. Un buen ejemplo de esto lo encontramos en los perros maltratados: son humillados y torturados por sus amos, pero, aun así, no quieren irse de su lado.
Mientras tengan alimentos y un lugar para cobijarse y dormir calientes están satisfechos porque sólo buscan sobrevivir, han perdido la esperanza de ser tratados de manera respetuosa. Pues, en el ser humano, el sujeto se olvida del valor añadido, de sus virtudes y se mueve por inercia. En definitiva, que tenemos que comportarnos según nuestro autoconcepto y esto se traduce en ser coherentes con nuestros valores. Si nos consideramos educados, trabajadores, bonos ciudadanos, responsables, etc. es incoherente permitir que alguien nos diga lo contrario y todavía lo será más, si permitimos que nos falte al respeto.
Por: Omar el Bachiri
Psicólogo clínico y escritor


