El miedo de hacer el ridículo y la vergüenza

El miedo de hacer el ridículo y la vergüenza

Jun 5, 2025 0 Por Omar El Bachiri

Son dos sentimientos que imposibilitan la acción y, por lo tanto, son una fuente de malestar porque nos dificultan disfrutar del momento y consecuentemente, nos frustramos. Queremos actuar de una determinada manera, pero el miedo a la opinión de terceros o a ser rechazados nos tira hacia atrás. A modo de ejemplo, una situación muy típica es cuando estamos en un local musical y suena una de nuestras canciones favoritas. Tenemos ganas de bailar, pero el miedo a hacer el ridículo o la vergüenza de bailar frente a gente desconocida nos hace cambiar de opinión. Es decir, dejamos de lado nuestra ilusión por miedo a ser juzgados por desconocidos o por las opiniones desfavorables de nuestro círculo social. Así pues, la solución no es más que trabajar la autoestima y centrarnos en nuestras capacidades y aptitudes.

Si estamos convencidos de que bailamos bien o por lo menos, que no lo hacemos peor que los demás, el miedo a ser criticados desaparece instantáneamente dado que, sabemos que somos juzgados por gente con las mismas capacidades que nosotros o inferiores y por ende, no lo interpretamos como un concurso. Esto sería, por un lado, y por el otro, si somos conscientes de que el tiempo no regresa una vez ha pasado, también lo haremos sin sufrir emocionalmente. Esto es así, porque radica en una filosofía de vida fluida, aprovechar cada instante placentero para disfrutar, sin tener en cuenta la opinión ajena, siempre que no sea nada ilegal. Estamos centrados en disfrutar de los placeres de la vida, vengan, de donde vengan y cuando sea, podemos estar paseando por la calle o en un mercado y si escuchamos una canción que nos gusta, bailaremos porque es lo que haríamos si estuviéramos en casa o solos en la calle.

Igual que si nos apetece cortarnos o peinarnos el pelo de cierta manera, lo haremos, porque creeremos que es el momento idóneo para hacerlo. Lo interpretamos como la excusa perfecta para hacer aquello que hacía días que pensábamos, pero que no nos decidíamos a hacer. Igualmente, aunque el sentido del ridículo y la vergüenza son universales, no todos lo manifestamos del mismo modo y un ejemplo muy claro, lo tenemos en el carnaval. Durante unos días podemos ir vestidos como nos dé la gana que estos dos sentimientos no harán acto de presencia. Ni siquiera pensaremos en ellos, porque socialmente la gran mayoría de la población va disfrazada y aquí es donde está la clave, que no nos sentimos diferentes, no tenemos la sensación de estar destacando entre la multitud.

Así mismo, conviene resaltar que el simple pensamiento sobre una cuestión, tiene el mismo efecto psicológico que si fuera cierto. Si nos sentimos observados, aunque no lo estemos, fisiológicamente y mentalmente tendremos los mismos síntomas. Consecuentemente, comportamentalmente estaremos condicionados, la ansiedad y el miedo se apoderarán de nosotros, dando como resultado la vergüenza y el miedo de hacer el ridículo. Por el contrario, cuando tenemos plena confianza en nosotros mismos, en nuestras aptitudes, la situación es totalmente diferente, porque actuamos con contundencia, no titubeamos. Sabemos que estamos comportándonos adecuadamente y siguiendo nuestros principios.

Por: Omar el Bachiri

Psicólogo clínico y escritor