
El amor propio
Ene 20, 2026Tener amor propio implica tener una buena gestión emocional y también, saber posicionarse socialmente, no importa ni el lugar donde nos encontramos, ni con quien estamos interactuando. Tenemos claro nuestro valor personal y, por lo tanto, no permitimos que nadie nos desprecie. Es más, si creemos que no somos valorados como lo merecemos, abandonamos el lugar o nos alejamos de la persona o grupo social en cuestión. No se trata de orgullo, ni de prepotencia, sino, de saber hacerse respetar y del mismo modo, también sabemos a qué comentarios y conductas prestar atención y a cuáles hacer caso omiso. Entonces, viendo esta última definición, se entiende que teniendo amor propio nunca permitiremos ser agredidos verbalmente o físicamente dos veces por la misma persona o grupo.
Una vez es inevitable porque nos coge por sorpresa, pero dos, ya no lo toleramos dado que no va con nuestros principios, ni valores personales. Con esto quiero decir, que el amor propio, el amor hacia un mismo es fundamental y determinante para tener una interacción social sana y sobre todo, para no sentirse inferiores a nadie. Así pues, toda nuestra personalidad, cada aspecto de ella está condicionado por nuestro amor propio y una manera de mantenerlo en el tiempo es respetándonos, no dejando que nadie, ni nada nos haga creer que somos menos que los demás.
No se trata de ser mejores que nadie, sino, de ser exactamente como lo deseamos y también, de entender que aunque muchas veces no lo somos, en última instancia, la parte más importante, es estar intentándolo. Porque de cara al exterior no hay diferencia entre serlo y estar buscando serlo dado que, el reflejo es el mismo, estamos mostrando alguien seguro de sí mismo y esto, induce al respeto por parte de los demás y como tal, nos tratan de una manera más educada. Solo con la manera de comportarnos: las miradas, la posición del cuerpo y la manera de hablar marcamos los límites a no traspasar nunca, no dejamos lugar a las dudas. Es decir, estamos reflejando seguridad en nosotros mismos.
Por: Omar el Bcahiri
Psicólogo clínico y escritor


