
La pobreza relativa
Feb 3, 2026Ser pobre significa literalmente no tener suficiente dinero como para cubrir las necesidades básicas de supervivencia. Es no tener la posibilidad de alimentarse, de acceder a una vivienda, ni de tener acceso a la sanidad, es decir, ser pobre es sinónimo de ser un indigente. Sin embargo, esta definición sería para la pobreza absoluta, pero en las últimas décadas ha surgido una variante, la pobreza relativa. Esta viene siendo cuando tenemos ingresos económicos dentro de la media nacional, pero aún así, no llegamos a fin de mes porque el coste de la vida es demasiado elevado. Entonces, solo tenemos dos maneras de evitarla: trabajar más para ganar más dinero o reducidir gastos pero igualmente en ambos ambos casos el sujeto empieza a malvivir porque trabajando 40 horas semanales le es imposible mantener su ritmo de vida actual y consecuentemente, tiene que adaptarse a su nueva realidad y eso conlleva muchas veces cambiar de ambiente social, de hábitos y de costumbres.
Por lo tanto, quien decide trabajar más tiene que sacrificar su tiempo de placer por ganar más dinero y quien decide reducir gastos, deja de disfrutar de su vida. Así pues, digamos que antes salía con los amigos una o dos veces por semana y ahora sin embargo, solo puede hacerlo una vez al mes porque el nuevo horario laboral se lo impide o porque está reduciendo gastos. Por consiguiente, sus amigos dejan de llamarlo para quedar o él mismo de aísla por vergüenza, no se siente cómo en la situación que está viviendo.
Lamentablemente, su escala social ha cambiado, ahora es pobre, ha dejado de pertenecer a la clase media porque aún teniendo trabajo, con lo que gana no le alcanza para vivir dignamente, únicamente puede sobrevivir. Ahora tiene que contar hasta el último céntimo antes de gastar, no vaya a ser que se pase y después no tenga suficiente para hacer frente a los gastos mensuales. Se acabó el ocio, el café o la cerveza en el bar, las vacaciones, etc. Porque todo el dinero va destinado a las obligaciones, el placer ha quedado de lado.
Por: Omar el Bachiri
Psicólogo clínico y escritor


