
El diálogo interno, hablarse a uno mismo
Abr 23, 2025Todos lo hacemos, pensamos y hablamos internamente, diciéndonos qué haremos o qué le diremos a tal persona cuando nos la encontremos la próxima vez. Es un comportamiento habitual y totalmente recomendable hacerlo, pero hay que tener cuidado con entrar en discusiones con nosotros mismos dado que, lo convertiríamos en el pensamiento obsesivo, circulatorio o rumiativo. Un diálogo estéril porque no produce ningún resultado positivo, únicamente provoca angustia, ansiedad y una posible depresión dado que, nos centramos demasiado en el pasado, en el y sí, o en las lamentaciones y en vez de buscar soluciones, queremos cambiar el pasado.
Por lo tanto, teniendo esto claro, es totalmente aconsejable hacerlo, porque además de potenciar la proactividad, también mejoramos la gestión emocional. Es decir, como ya tenemos claro el camino a seguir, podemos anticiparnos a las emociones y controlar su intensidad, a pesar de que sean innatas y no podamos evitar su presencia. Sabemos cómo son de perjudiciales y hemos estado horas pensando en cómo actuaremos frente a ellas. Igualmente, también es una herramienta para avanzarse al futuro porque lo estamos anticipando, pero de manera positiva, con ilusión. Esto último seria por la parte del diálogo positivo, sin embargo, cuando es por la del negativo, estaríamos hablando de un comportamiento autodestructivo.
Consiguientemente, es una manera de pensar y razonar a evitar como sea, porque inevitablemente, nos comportaremos igual que lo pensamos. Por ejemplo: si pensamos que somos inferiores a los demás, nuestro comportamiento estará guiado por la carencia de aptitudes y el miedo a destacar, con lo cual, estaremos dinamitando el camino. Si nos decimos constantemente que no podemos, que no llegamos, que no nos lo merecemos, que los demás son mejores o que somos un cero a la izquierda, lamentablemente, estaremos entrando en el efecto Pigmalión (la profecía autocumplida). Nos comportaremos según pensamos que los demás esperan de nosotros y sin poder evitarlo, empezaremos a degradar nuestra autoestima y a continuación, nuestra manera de interpretar la realidad también se verá perjudicada.
Empezaremos a ver piedras u obstáculos donde no los hay y en poco tiempo, nuestro carácter y con él, nuestra personalidad reflejarán amargura, tristeza y desolación porque pensaremos que la sociedad o el mundo son injustos. Que no nos merecemos la situación personal en la cual estamos inmersos dado que, somos buenas personas y no hacemos daño a nadie. Es decir, nos sacamos la responsabilidad de encima, para así justificar nuestro comportamiento y de este modo, sin darnos cuenta, reforzamos nuestro comportamiento, volviéndolo nuestra carta de presentación.
Después, cuando queramos avanzarnos al futuro, lo haremos desde una vertiente negativa y dominado por la ansiedad y desgraciadamente, lo condicionaremos para que sea doloroso o por lo menos, improductivo. A modo de ejemplo, pongamos que estamos constantemente buscando defectos en el comportamiento de nuestros amigos o pareja sentimental y diciéndonos que no lo soportamos, entonces, el día que estemos dialogando con ellos, inconscientemente, les diremos lo que pensamos de ellos sin pelos en la lengua.
Por: Omar el Bachiri
Psicólogo clínico y escritor


