
Hay gente que no quiere cambiar
May 15, 2025Ciertamente, a partir de los veinticinco años es bastante difícil cambiar voluntariamente dado que, ya tenemos la personalidad formada, pero esto, no impide que, con determinación y constancia, no podamos hacerlo. Quiero matizar que, cuando digo de manera voluntaria, me estoy refiriendo a que muchas veces nuestra manera de ver las cosas e interpretar la realidad cambian de repente, porque hemos vivido o presenciado acciones que nos han traumatizado. Como por ejemplo, un accidente de tráfico, una agresión física, alguna injusticia y estos hechos nos han trastornado o impulsado a hacer cambios en nuestra personalidad de manera involuntaria. Nosotros ya estábamos contentos con nuestra personalidad, pero, las circunstancias de la vida nos han obligado a hacerlo.
Quizás, ahora tenemos miedo a salir de casa, a viajar, a hablar con desconocidos o en público, a vestir de una manera determinada (complejos físicos), etc. Conductas que antes de la experiencia traumática no teníamos, pero que actualmente, nos condicionan bastante nuestro estilo de vida. La ansiedad y la angustia nos dominan, nuestro comportamiento se ha vuelto miedoso y dudamos de cualquier decisión que tomamos. Esto sería por la parte negativa, pero también está la positiva, el cúmulo de experiencias agradables que sin querer, nos sacan sonrisas y, por lo tanto, nos volvemos optimistas y alegres. A modo de ejemplo, sería la superación de una enfermedad grave, el nacimiento de un hijo, el logro de éxitos personales, etc.
Sin embargo, cuando no hay ninguna motivación externa, la cosa cambia sustancialmente, porque nace desde el interior de uno mismo. No nos gusta nuestra personalidad o nuestro estilo de vida y queremos cambiarlos. Deseamos ser más inteligentes, más cultos, tener más masa muscular, estar más delgados, ganar más dinero, vivir menos estresados, etc. Con lo cual, nos informamos de cómo hacerlo e invertimos tiempo y dinero en conseguirlo, pero, paralelamente, también hay quien, que a pesar de no estar satisfecho con su situación personal, no quiere hacer el esfuerzo que conlleva cambiar. Por el motivo que sea, prefiere no mover un dedo y quedarse tal cual está. Aunque esté hundido en la miseria y pasando penurias.
Por lo tanto, es un comportamiento estéril, una pérdida de tiempo y además, también un desgaste emocional enorme intentar convencerle de que cambie su modo de vida, por muy perjudicial que sea para él. No todo el mundo está dispuesto a invertir su tiempo y dinero en luchar por conseguir sus objetivos personales, si fuera tan fácil, todos tendríamos lo que deseamos. La determinación y la constancia requieren de voluntad y esta se consigue y mantiene en el tiempo, valorando los pros y contras de nuestra situación actual. Lamentablemente, vivir en la desgracia genera adicción al malestar y a ser el centro de atención de los demás (pobrecito, qué mal lo está pasando, no se lo merece, es buena persona, etc.)
Por: Omar el Bachiri
Psicólogo clínico y escritor


