¡No pierdas tu felicidad!

 

Para no perder la felicidad hay que ser consciente que esta, depende de tres conceptos. La coherencia, la relatividad y la frustración. La coherencia entre lo que pensamos y lo que hacemos. Relativizar cualquier situación diaria y sobre todo, no frustrarse cuando no conseguimos nuestros objetivos. Esta ultima es la más importante. Es la que condiciona las otras dos. Si no somos capaces de gestionar las emociones y los sentimientos, estamos perdidos. Tenemos que ser conscientes que, en ocasiones las cosas no salen como las hemos planeado. Pero, antes de continuar escribiendo, daré mi versión de que significa ser feliz: – si tienes alimentos, un lugar donde vivir y acceso a la sanidad publica, ya te puedes considerar feliz – No confundir con el bienestar. Este está condicionado por nuestras creencias y la sociedad de consumo. – Cuanto más tengo, más quiero – Una casa más grande, un mejor coche, viajar más a menudo, salir a comer fuera de casa más seguido, tener un título universitario, un oficio bien remunerado, etc.

Siempre dependerá del lugar en el que vivimos y de la gente con la que nos rodeamos. Si entramos en el círculo de tener más que los otros o por el contrario, nos conformamos con lo que tenemos. Es de suma importancia recordar porqué tenemos las cosas. ¿Para disfrutar de ellas o para mostrar que las tenemos? Pero, aun así, se parte de la misma base. Tener las necesidades básicas cubiertas. Esto ha quedado demostrado claramente por el coronavirus.

Hemos estado confinados en casa, durante más de 30 días seguidos y mucha gente se volvió histérica. Comprando compulsivamente. Por miedo a quedarse sin comida, medicamentos, o mascarillas. Fueron unos días de incertidumbre total. Miedo a perder el trabajo y no poder pagar el alquiler de la vivienda y quedarse sin la cobertura de la seguridad social.  Esto se traduce en dormir en la calle, no tener para alimentarse, ni acceso a la sanidad pública. Durante unos días, este virus nos ha igualado a todos, económicamente hablando. El empresario temía no poder pagar las nóminas, no poder hacer frente a los gastos mensuales y verse obligado a cerrar el negocio. La persona propietaria de un Ferrari, Lamborgini, Masserati, Golf, Audi, etc, no lo podía sacar a pasear. Lo tenía que dejar aparcado. Igual para la que vive en una mansión, chalet o casa adosada. Ha estado privada de libertad. Ha sido como vivir en una jaula de oro. Una gran casa pero, encarcelada.

Han sido unos días de estrés y angustia porque, ha sido vivir en la incertidumbre del qué pasará mañana. Nadie nos podía asegurar cómo irían las cosas. En estos momentos tan delicados es cuando se valora la capacidad de gestionar las emociones. Para no caer en la frustración y aceptar que no todo depende de nosotros. Tú puedes ser un ciudadano ejemplar. Pagar tus impuestos y nunca hacer el mal pero, eso no quita que puedas sufrir las consecuencias de un desastre natural y/o económico.

También decir que, ser feliz no es sinónimo de estar exento de emociones negativas. Todas las emociones son beneficiosas. Solo que, hay que saber gestionarlas. Es normal estar triste y llorar cuando recibes una mala noticia, como también es normal estar contento cuando las cosas te van bien. Es una reacción natural en nuestro organismo. Lo hace para depurarse y sanarse. (Si hay que llorar, se llora y si se tiene que sonreír, se sonríe). Tenemos que entender y aceptar esta condición fisiológica. El ser humano necesitamos de una cierta seguridad en el tiempo. Nos es de vital importancia conocer nuestro futuro inmediato. De aquí los beneficios de las rutinas de cada uno. De tener cierto control sobre nuestro tiempo y la forma de invertirlo. La libertad de decisión y de movimiento. Más conocido cono el libre albedrío.

Dicho esto, ahora entenderás porque hay personas que se gastan una gran suma de dinero en videntes. Gente que está convencida de adivinar el futuro pero que, curiosamente no gana en los juegos de azar. Por otro lado, una vez eres consciente de tu felicidad, toca no perderla y la mejor manera de no hacerlo es, no dejando de hacer las cosas que te la proporcionan. Has conseguido la felicidad gracias a ciertos comportamientos y formas de pensar. Entonces, – ¿por qué tienes que cambiar tu forma de vida o de pensar ? –

Te lo explico de otra forma. Si una conducta, objeto o situación te proporciona placer, paz o alegría. No la dejes, continua con ella. Como por ejemplo,  hacer deporte, dar un paseo nocturno, ver un programa de TV, una serie. Dormir hasta tarde el día de descanso, no hacer nada durante las vacaciones. Estar 4 horas para hacer la compra. Si estas conductas te proporcionan bienestar, no dejes de hacerlas. El mayor error que se puede cometer, es cambiar nuestros hábitos por alguien más. Ya sea por la pareja, los padres, amigos o los hijos. Estamos dejando de ser nosotros mismos, para ser lo que otros quieren que seamos, y aquí empieza la incoherencia. – No hago lo que siento, sino, aquello que los otros entienden que debo que hacer –

Actuando de este modo, es cuando llegan los reproches. – Hice esto por ti ¿y así me lo agradeces?- Cuando en realidad los otros no te han pedido nada –  Eres tú quien ha querido ceder a sus exigencias.

Quizás, lo has hecho para no sentirte culpable. Esto demuestra tu incoherencia otra vez. Recuerda que el tiempo que estamos vivos es limitado y lo tenemos que compartir con los demás. Esta es la palabra clave. Compartir. No, dejar de hacer. Puedes entrenar menos días a la semana, no viajar tan seguido, dejar de comer tantas veces fuera de casa, etc. De esta manera estarás más pendiente de los tuyos. De tu familia y/o amigos. De esto se trata. De no ceder todo tu tiempo, sino, de compartir tus aficiones. Todos tenemos unos pilares en la vida. Son nuestra forma de vivir. Si tenemos que presentarnos a los demás, lo haremos de esta manera. Unos diremos que somos viajeros, otros dirán que son deportistas, otros que son unos devora libros, otros que son amantes de la buena cocina, etc.

Cada uno tiene su filosofía de vida y preferencias pero, a todos nos proporciona felicidad. Si dejamos de lado estos placeres, solo nos espera la desilusión y con ella, la pérdida de la felicidad.

Por: Omar el Bachiri

Psicólo clínico y escritor

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