Lecciones del COVID-19

La primera y la más valiosa de las lecciones ha sido, recordar a mucha gente que la privación de libertad de movimiento no es compatible con un estado mental sano. Tienes tiempo, salud y dinero pero, estás obligado a quedarte en casa. Tienes prohibido salir. Ten presente que un preso es lo que más anhela, la libertad de movimiento. Poder ir donde quiera y cuando quiera. Entonces, disfruta de lo que tu pueblo, ciudad o país te ofrece, en vez de renegar tanto. Si no hay playa, sal a buscarla. Si tampoco hay montañas, haz igual. Ves a donde están. Viaja, sal a comer fuera de casa, saluda a los desconocidos, socializa con los vecinos y amigos. Comparte momentos agradables. Si en alguna ocasión te vuelven a privar de libertad. Es lo que desearás hacer. Salir a caminar y/o interactuar con los demás. Compartir opiniones.

De cualquier situación se puede aprender algo, si se quiere. Dependerá del modo de enfocarla e interpretar los datos. Podremos tener miedo, histeria, pánico o, por el contrario, tranquilidad, calma y capacidad de razonamiento. Es decir, tendremos ganas de aprender del suceso o simplemente, nos dejaremos llevar por las emociones del momento. Estoy hablando de ser proactivos o reactivos y para saber el modo que elegimos, hay que hacerse estas tres preguntas: ¿Por qué y para qué ha ocurrido y cómo nos afecta?

En el caso de esta pandemia. El coronavirus. La ciencia es la encargada de buscar el por qué ha ocurrido. Investigará el origen de su creación y sus formas de contagio. Nosotros, por nuestra parte, tanto los gobiernos como los ciudadanos, tenemos que preguntarnos las otras dos. Para qué ha ocurrido y cómo nos afecta. Como psicólogo estoy a favor de tener una actitud proactiva porque, la reactiva conduce a la defensa y esta se traduce en ansiedad, miedo e incapacidad de razonar. Con la primera actitud, somos previsores y podemos saborear el presente. Nos anticipamos a los hechos y tomamos riesgos calculados. Se trata de ser austeros. Ser capaces de disfrutar de los placeres de la vida, sin necesidad de endeudarnos y/o gastar todo el dinero que ganamos. Alejarnos de la mentalidad de cuanto más gano, más gasto y acercarnos a la de, guardo un poco para mañana.

En pocas palabras, los gobiernos de todo el mundo son reactivos. No son previsores. No dedican una parte de su presupuesto anual a fomentar el ahorro y menos aún, a la inversión. Apenas lo hacen con la sanidad pública. Tan necesaria para el buen funcionamiento del estado. Como mucho, motivan a la población a crearse planes de jubilación. Eso está bien, pero a largo plazo. A corto o medio no hay nada. Se han centrado en el gasto compulsivo. Incentivando el consumo excesivo y el endeudamiento de los ciudadanos. Lamentablemente, los gobiernos siguen la misma dinámica. Gastar más de lo que ingresan. Debido a esta forma de gobernar se han visto desbordados por la pandemia. Han tenido que recurrir al endeudamiento del estado. Para no caer en la banca rota y así evitar males mayores. Seguramente una gran lección que aprenderán del covid-19, es el cambio de mentalidad. Empezar a gobernar siendo proactivos y no reactivos y de esta forma poder hacer frente a cualquier catástrofe económica que pueda surgir. Siendo previsores, se gobierna y se vive más tranquilo. Hay que estar preparados, por si volvemos a vivir una situación parecida.

Por la parte de los ciudadanos, con actitud proactiva no hay sitio para las lamentaciones y en cuanto nos encontramos con un obstáculo, le buscamos el lado positivo. Sea una separación, la muerte de un ser querido, la pérdida de un trabajo, una enfermedad, etc. Razonamos sobre la experiencia de haber compartido nuestra vida con esas personas, objetos, lugares, etc. En este caso, el covid-19, su gran problema ha sido que nos ha mantenido encerrados en casa durante más de 35 días seguidos. Perdimos la libertad de movimiento. Nos privó de nuestras rutinas, tan placenteras para nosotros. Socialmente, nos igualó a todos. Nadie podía salir de su casa. El coche que estás pagando a 5 años y que en muchas ocasiones es el responsable de que no llegues a final de mes, tenías que dejarlo en el garaje. La ropa de marca, la has dejado en el armario todo este tiempo porque has ido siempre en chándal y/o pijama. Tu teléfono móvil de más de 700€, te ha hecho el mismo servicio que uno de 150€. Chatear en las redes sociales y en los grupos de WhatsApp.

Ahora, es un buen momento para replantearnos nuestros valores sociales. En qué los basamos, ¿en comprar material o en disfrutar de las experiencias? Solo recuerda los pensamientos que tenías durante el confinamiento. ¿Eran sobre tus posesiones o sobre la gente que no podías ver y en los lugares que no podías estar?

He mencionado el ahorro porque, después de cualquier catástrofe económica, viene un aumento de impuestos y/o reducción de ayudas sociales. Depende de cada gobierno. De su solvencia económica y de su capacidad de endeudamiento. Si estás bien financieramente, no sufrirás estos efectos pero, si no tienes suficiente dinero, mejor será que cambies de mentalidad y te vuelvas proactivo. Es decir, previsor y ahorrador.

Por: Omar el Bachiri

Psicólogo clínico y escritor

 

 

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