Padres demasiado controladores

Padres demasiado controladores

May 30, 2024 0 Por Omar El Bachiri

Hay muchos padres que viven su vida a través de la de los propios hijos, padres que se ven reflejados en ellos. Son adultos frustrados en algún ámbito de su vida y piensan que reviviendo la experiencia a través del comportamiento de los hijos, la disfrutarán o por lo menos, que llenará su carencia. Pero igualmente, también hay padres que controlan la vida de los hijos por completo, desde que se levantan hasta que se acuestan. Los hijos no pueden decidir por ellos mismos y luego, están los padres que quieren decidir el futuro profesional de los hijos, quieren que cursen los mismos estudios o la misma profesión que ellos. Si son abogados, médicos, arquitectos, ingenieros, panaderos, pasteleros, mecánicos, quieren que sus hijos también lo sean.

Unos para que hereden el negocio familiar y los otros, porque están convencidos de que es la mejor opción para tener un futuro económico asegurado de por vida. Piensan que a si a ellos los ha funcionado, también lo hará para sus hijos, así pues, estamos viendo que cada uno tiene unas motivaciones diferentes para querer controlar la vida de sus hijos. Ahora, tampoco hay que confundirlo con el deseo de la mejora personal de los hijos, que sean seres de provecho, que tengan un buen nivel de vida. Cuando este último es el motivo, la situación cambia por completo porque ya no estamos hablando de frustración, ni de carencias emocionales, sino, más bien de amor parental, de inculcar valores sociales.

Por lo tanto, la relación padres-hijos es totalmente diferente porque igual que la educación es estricta, también hay espacio para la diversión, los momentos agradables. Estaríamos hablando de una educación basada en el respeto y la recompensa del esfuerzo, los hijos ven que esforzándose consiguen resultados favorables. Sin embargo, en las anteriores maneras de educar, el resultado es la frustración de los hijos y el miedo a defraudar a los padres. Están viviendo una vida ajena a sus gustos y preferencias y, por lo tanto, no le sacan el provecho emocional o social que ofrece. A modo de ejemplo: es el panorama que vemos en los partidos de futbol infantil, donde algunos padres se enfrentan entre ellos o con las decisiones del árbitro.

Por no mencionar cuando humillan a los propios hijos por no estar a la altura de las sus expectativas, unos padres que creen saber más que la propia federación de fútbol y están convencidos de que sus hijos van a ser los futuros mejores jugadores de la historia. De igual manera, tenemos los padres que quieren que sus hijos tengan sus mismos estudios o profesión, no tienen en cuenta la voluntad de los hijos, solo miran por satisfacer su propio ego. Pero es que además de obligarlos, les recriminan o los castigan durante el proceso, si no lo logran alcanzar el objetivo en el tiempo estipulado y de la manera deseada. Es decir, no basta con que sean como ellos quieren, sino, que también quieren que sigan sus mismos pasos para conseguirlo.

Por lo tanto, estamos hablando de la total frustración por parte de los padres y consecuentemente, también de unos hijos en estado de ansiedad constante. Unos hijos que viven con el miedo a defraudar a sus padres porque su vida gira en torno a ellos, su único objetivo personal es aprobar los exámenes para no ser castigados o maltratados mentalmente por sus padres dado que, suspender significa escuchar palabras como: inútil, incompetente, torpe, vago, perezoso, etc. Por lo tanto, aprender ya no es el objetivo principal, sino más bien, la cuestión es no suspender. Así pues, serán unos adultos con titulación académica, pero sin motivación alguna para ejercer profesionalmente porque no han aprendido nada. Es más, aunque ejerzan, como no lo disfrutarán, serán esclavos de sus trabajos.

Por: Omar el Bachiri

Psicólogo clínico y escritor