Síndrome de la persona ocupada

Síndrome de la persona ocupada

Mar 15, 2026 0 Por Omar El Bachiri

Hay una creencia social donde estar ocupados constantemente es sinónimo de ser alguien exitoso o productivo, pero realmente, dista mucho de la realidad. Es más bien, una mala gestión del tiempo o por lo menos, de las preferencias, el sujeto ocupado le da más valor a unas cosas que a otras. Con lo cual, la frase no tengo tiempo es igual que decir: no me apetece estar contigo o en otro lugar que no sea este. Igualmente, también puede ser que la persona ocupada crea realmente que estar ocupada es igual que estar produciendo y por eso mismo, no puede descansar o delegar en los demás. Considera que si no lo hace ella, nadie más lo hará o por lo menos, tan bien como lo hace ella y esta creencia lamentablemente, dinamita su vida cotidiana, sin mencionar la ansiedad que ello genera. Es decir, vemos gente que trabaja más de cincuenta horas semanales y los días de descanso, también los dedica a eso mismo, o a realizar cualquier otra actividad que no sea compartir el tiempo con más gente de manera ociosa.

Deja a su familia, amigos y seres queridos de lado, piensa que ya dispondrá de más tiempo algún para estar con ellos y es que su prioridad, es estar ocupada. Así mismo, esto sería para la gente que se mantiene ocupada con la vida laboral, pero es que también está la que después de trabajar, tiene la necesidad de estar haciendo algo. No puede simplemente hacer una actividad y acto seguido descansar y estar en su casa tranquilamente sin hacer nada, lo interpreta como que está perdiendo el tiempo. Si bien es cierto que este es limitado, no tiene por qué ser siempre productivo, también tiene su parte de ocio o descanso. Es decir, cuando el ocio se vuelve una obligación, deja de ser ocio y por lo tanto, se convierte en una fuente de ansiedad, ya que no efectuarlo, nos disgusta y consecuentemente, nos altera el estado anímico.

Así es que, tener la agenda llena está perfecto siempre y cuando sea flexible, si nos surge un imprevisto, tenemos que poder modificarla sin que ello nos altere las emociones. Se trata de adaptarse a los imprevistos (un cumpleaños, una cena, un encuentro, etc.), tenemos que tener la capacidad de reordenar nuestras prioridades porque con el paso del tiempo van cambiando y si no lo hacen, es que algo estamos haciendo mal. No es lo mismo tener veinte años, que cuarenta o cincuenta, dado que la experiencia nos ha moldeado y si no lo ha hecho, es que nos hemos estancado en alguna década y esto no trae nada bueno.

Por: Omar el Bachiri

Psicólogo clínico y escritor