Superar la ansiedad siendo proactivos

Superar la ansiedad siendo proactivos

Feb 15, 2026 0 Por Omar El Bachiri

Primero hay que entender que ser alguien proactivo significa que decidimos cómo sentirnos en cada momento. Es decir, aunque es cierto que las emociones son inevitables y, por ende, no podemos esquivarlas, sin embargo, sí que podemos incidir en su manera de condicionarnos una vez han sucedido. Es la gran virtud de la proactividad: que podemos decidir qué hacer con las emociones y, por lo tanto, podemos anticiparnos a su relación con los sentimientos. Así pues, si ya sabemos que tal situación o persona nos pone nerviosos o nos altera el estado anímico de alguna manera, nos anticipamos al suceso. Trabajamos en nosotros mismos: mejoramos nuestra capacidad de reacción, perfeccionamos nuestra gestión emocional y, sobre todo, aceptamos los resultados de nuestro comportamiento.

Es decir, ser proactivos, ante todo es entender que hemos hecho todo lo posible para que el momento desagradable deje de serlo e, inevitablemente, esto se traduce en un aprendizaje. Con lo cual, siendo proactivos, nos pasamos la vida aprendiendo nuevas maneras de gestionar las emociones; vemos que no todas las situaciones desagradables se merecen el mismo valor emocional. No es lo mismo la muerte de un ser querido que la de un desconocido, como tampoco lo es vivir una agresión física o mental en primera persona que a través de las vivencias de los demás. Ciertamente en ambos casos es desagradable y triste, pero no es lógico ni sano que nos afecte de la misma manera y aquí es donde entra en juego la ansiedad.

El miedo a lo que pueda suceder en el futuro, el miedo a no ser capaces de soportar el malestar que creemos que viviremos. Así pues, si hemos trabajado y potenciado nuestra gestión emocional y, paralelamente, también hemos adquirido nuevas maneras de afrontar el malestar, no le temeremos porque siempre tendremos un plan B. Primero, porque nos hemos anticipado al hecho, tenemos preparadas las respuestas al posible conflicto y, segundo, porque somos conscientes de que lo estamos haciendo lo mejor que podemos. Con lo cual, no estamos dejando espacio ni al remordimiento, ni al pensamiento en bucle caracterizado por el «y si hubiera hecho o dicho aquello». Llega el momento temido, lo afrontamos como lo hemos practicado y aceptamos el resultado sin más, no nos paramos a analizar qué ha sucedido.

Por: Omar el Bachiri

Psicólogo clínico y escritor