
Vivir apasionados y no aferrados
Dic 25, 2024Vivir apasionados es vivir con ilusión, alegría y disfrutando de nuestro entorno, de la gente que nos rodea y de nuestros objetos materiales, pero sin delegarles nuestra felicidad. No nos aferramos a ellos, porque si algún día los perdemos o nos supone un desgaste emocional demasiado elevado mantenerlos, se nos hará muy difícil separarnos de ellos. A modo de ejemplo, a causa del impuesto de sucesiones o tener que liquidar las deudas que tienen ciertas herencias, mucha gente se endeuda con el banco de por vida únicamente por el vínculo emocional que les han asociado. Por otro lado, también hay quien no finiquita su relación de pareja, porque depende emocionalmente de ella y, por lo tanto, prefiere malvivir, antes de que separarse. Después, otro ejemplo lo encontramos en el mantenimiento de los vehículos, hay quién se ha aferrado a su coche, moto, jeep, furgoneta, etc. y a pesar de gastar anualmente mucho dinero en reparaciones o puestas a puntos, no se deshace de ellos.
Puede encontrar vehículos similares en mejores condiciones, pero los sentimientos que se les ha emparejado superan por mucho los gastos ocasionados. Así pues, estamos viendo cómo el aferramiento o dicho de otro modo, la dependencia emocional puede provocar desastres personales, tanto económicos, como mentales. Así mismo, la gran diferencia entre ambos conceptos es la manera de disfrutar, porque igual que con la pasión, lo hacemos con alegría, con el aferramiento, lo hacemos con el miedo. Es decir, viviendo apasionados, lo hacemos disfrutando del momento, somos agradecidos de estar en el lugar y de tener todo lo que tenemos. Por el contrario, viviendo desde el aferramiento, lo hacemos con el miedo de que se acabe el momento o de perder todo lo que tenemos porque le hemos delegado nuestra alegría, nuestra motivación para hacer cualquier cosa.
De aquí la importancia de tener una mente abierta y también la capacidad de adaptación a las nuevas situaciones. Por lo tanto, una de las claves es hacerse dos preguntas: –¿por qué necesito estar rodeado de esta gente o tener estas cosas y qué coste económico o emocional me supone? –, es decir – ¿qué precio estoy pagando para tenerlos conmigo? –Digamos, que somos adinerados y tenemos un nivel de vida elevado, pero por circunstancias de la vida, nuestra situación económica empeora y tenemos que reducir gastos si no queremos malvivir. Así pues, la primera cosa a hacer es adaptarse, pero para poder hacerlo, tenemos que responder a la primera pregunta, – ¿por qué necesito este nivel de vida tan elevado?
– Entonces, si reduciendo gastos, continuamos viviendo en el bienestar, no nos afectará tanto, aunque tengamos que cambiar de círculo social y lugar de residencia. En cambio, si nos aferramos a él porque no queremos cambiar de costumbres y hábitos, nos acabará perjudicando mentalmente porque además de no tener dinero, también estaremos endeudados. Estaremos manteniendo un estilo de vida inasumible financieramente porque no somos capaces de adaptarnos a la nueva realidad. Por lo tanto, la dependencia emocional hacia las sensaciones y emociones asociadas a nuestro estatus social nos dificultan la transición a la nueva realidad.
Por: Omar el Bachiri
Psicólogo clínico y escritor


