Anclajes mentales

Son una herramienta muy eficaz para crear nuevos recuerdos o cambiar el sentido de los antiguos, funcionan muy bien para las fobias. Su objetivo es condicionar un estímulo neutro a una sensación agradable o desagradable, como puede ser tener miedo o empatía por los perros, depende de la experiencia vivida aparecerá una emoción u otra.

Entonces, la intención de este artículo es dar herramientas para crear anclajes a nuestro favor y se hacen a través de cualquiera de los sentidos, olor, gusto, tacto, vista y oído. Un olor en concreto nos puede provocar arcadas o al contrario, nos puede transmitir tranquilidad. El tacto de una sustancia viscosa puede provocarnos asco o ser totalmente indiferente, igual que la música, nos puede generar alegría o hacer llorar, según los recuerdos que nos despierte. Viendo el impacto que tienen sobre nuestro comportamiento, vamos a crear algunos nuevos.

Por ejemplo, relacionar cualquier reto que tengamos con una cena, así dejará de crear angustia ya qué cuando pensemos en él, también lo estaremos haciendo sobre la comida. Es decir, asociamos el esfuerzo mental o físico con una recompensa, otro ejemplo es cuando tenemos que ir al dentista o a cualquier otro médico y qué nos provoque angustia, lo podemos asociar con ir a tomar un café antes de entrar a la consulta. El hecho es relacionar la conducta temida con otra de placer, la idea es que la alegre tenga más peso que la otra.

También hay gente que ha asociado hacer la compra semanal con estrés o aburrimiento y una forma de cambiarlo es añadiendo otra actividad placentera, como puede ser ir a comer nuestro plato favorito al restaurante o darse cualquier capricho (no necesariamente tiene que ser gastar dinero). Cuando dos conductas van relacionadas se fusionan en una y el sentimiento se transforma por completo ya que no se pueden presentar dos emociones contrarias al  mismo tiempo. Dicho esto, cada vez que te sientas incómodo en algún lugar o ante ciertas personas, analiza las emociones surgidas y según el motivo real, podrás cambiar los sentimientos hacia ellas. El de rabia y odio se puede transformar en indiferencia o incluso en admiración. La cuestión es entender el por qué nos surge esa emoción y no otra.

Por: Omar el Bachiri

Psicólogo clínico

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