Las apariencias. ¿Por qué aparentamos?

 

Vivir de apariencias, es no vivir tu propia vida y hay dos respuestas para este comportamiento. Una es la obtención de satisfacción personal y la otra es la no aceptación de la condición personal. En la segunda respuesta entran en juego las frustraciones, miedos y deseos no satisfechos. Las ganas de satisfacerlos es la motivación que empuja a la acción. Es la necesidad de pertenecer a un grupo o estereotipo para formar o mantener un mínimo de relaciones interpersonales. La privación de estas relaciones puede ser causa de graves trastornos psicológicos. El problema es que no es real, sino, imaginario. Es una necesidad autoimpuesta y como tal, no tiene vía de escape. En cualquier necesidad básica, una vez cubierta, el organismo se relaja. Imagina que estás en un tu coche, en medio de un atasco y llegas tarde al trabajo, te enfureces y claxonas. Pues el hecho de claxonar te relaja. Es tu vía de escape.

Cualquier necesidad básica que nos surja, tiene esta vía. De ahí la importancia de satisfacerlas. Si se descuidan, el organismo enferma. Aparecen la ansiedad y la depresión. El problema real de aparentar, es que llega un momento en que el organismo se lo cree y convierte las deficiencias de esa necesidad en los mismos síntomas que las reales. La persona enferma si no las cubre. El sentimiento de soledad y de inferioridad es tan grande que si no te prestan atención no lo soportas. No tienes en cuenta que la felicidad de la persona o estereotipo al cual intentas imitar está en su interior y se refleja en su exterior, no a la inversa. No es parecer, es ser. Es como el niño que se disfraza de superman pensando que así será invencible y atraerá a todas las chicas. Es una forma de vida. Ser lo que no eres.

Sin embargo, la primera respuesta, obtener una satisfacción personal está limitada en el tiempo. Es la que usamos la mayoría de entre nosotros, cuando tenemos un objetivo en concreto. Como puede conquistar a alguien o conseguir un trabajo. Una vez conseguido nos relajamos. Para que lo entiendas mejor te pongo el ejemplo del carnaval. Es una época del año donde nadie es quien dice ser. Durante unos días puedes evadirte de tus problemas y vivir siendo quien deseas ser. Desde la persona más adinerada del mundo hasta la más pobre. También puedes ser del sexo contrario o incluso fingir que tienes poderes sobrenaturales. La sociedad no va a juzgarte, son días de ser otra persona. Por eso mismo está limitada en el tiempo. Para no perjudicarnos ni mentalmente, ni económicamente. Llevar un estilo de vida que no es el nuestro conlleva un gran sacrificio. Dando como resultado al malestar por miedo a ser descubiertos.

El aparentar es con frecuencia una forma de buscar ser destacado por lo superficial. Se elige una máscara para engañar a los demás y al final, se la cree uno mismo. Se prefiere estar en modo parecer, antes que en modo ser. Este último requiere tener. Si tienes mucho dinero, eres adinerado y si tienes educación, eres educado. No es bidireccional. Si no tienes, no puedes ofrecer. De ahí las frustraciones del modo parecer, están vacías de contenido, todo es fachada. Tener un coche caro, no significa ser adinerado como tampoco lo es vestir con ropa de marca. Aparentar es no aceptar tu estatus social. Es querer estar por encima de él, sin hacer el esfuerzo que ello requiere.

La base de la felicidad es hacer lo que quieres. Por consiguiente, si aparentas, deberías ser feliz. Se supone que actúas por placer, haces lo que quieres. Lamentablemente no siempre es así, a veces es por envidia. Es la peor forma de actuar porque entras en un mundo lleno de frustraciones. Es una envidia antinatural, envidias una forma de vida social, no a la persona. Todos sentimos envidia en algún momento de nuestra vida pero, es que en su justa medida es buena. Nos sirve de motivación para alcanzar lo mismo que tiene el vecino, pero sin quitárselo ni menospreciándolo. Nos hará pensar ¿qué puedo hacer para tener lo mismo que él?

En las apariencias, entra en conflicto el yo real con el yo ideal. Es la diferencia entre lo que somos y lo que nos gustaría ser. Cuanta más distancia hay entre ambos, mayor es el malestar generado. El yo real es la percepción que tenemos de nosotros mismo. Lamentablemente, está condicionada por la autoestima que tenemos. Si es baja nos fijamos más en las carencias que en las virtudes. Por su parte, el yo ideal incluye todas nuestras aspiraciones: ser rico, famoso, guapo, atleta, inteligente, exitoso, etc. La forma de pensar sigue una lógica sesgada por las creencias de cada uno. Soy rico, entonces soy guapo y hago lo que quiero. El miedo a no gustar a los demás provoca que me comporte de una manera diferente a como soy en realidad. Demuestra un grado bastante alto de superficialidad y falta de identidad.

La persona con baja autoestima se siente sola o rechazada y se inventa un personaje social con esas características que anhela. Cree que no va a ser rechazada por los demás. Igualmente, está convencida de que va a atraer el bienestar. Quiere pertenecer a un determinado grupo de manera forzada, haciendo todo lo posible en parecerse a los miembros del mismo, para ser aceptada. Incluso en ocasiones la persona envidiosa tiene un status social más elevado que la envidiada o tiene más posesiones materiales. Con esto queda demostrado que tanto los halagos recibidos como las posesiones materiales, si no se tiene una buena autoestima, no sirven de mucho.

Por: Omar el Bachiri

Psicólogo clínico y escritor

 

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