
El amor es como el hambre
Mar 8, 2026Por mucha hambre que tengamos, si estamos acostumbrados a alimentarnos saludablemente, siempre que tengamos la opción nos decantaremos por seguir con nuestro hábito alimentario. Es decir, no comeremos comida chatarra, rica en grasa o muy azucarada porque sabemos que no nos beneficia en nada. Pues en el amor funciona exactamente del mismo modo, si tenemos unos parámetros marcados, por muy solos que nos sintamos, no nos iremos con la primera persona que aparezca. Sabemos lo que buscamos y consecuentemente, también lo que no queremos y esto lo reflejamos en nuestro comportamiento dado que nos movemos por la parte racional y no tanto por la emocional.
Cuando estamos conociendo a alguien nos fijamos más en su comportamiento que en sus palabras dado que estas influyen en nuestras emociones, sin embargo, el comportamiento lo estamos viendo y nos percatamos si es racional o no, si concuerda con lo que nos dice. Con esto quiero decir, que la decisión de empezar una relación sentimental tiene que venir por las ganas de compartir nuestra vida con esa persona, no por la necesidad de estar con alguien. Es decir, para estar en una relación sentimental sana (no tóxica), hay que elegir a la otra parte cuando aun estando bien solos, queremos estar con ella. Tomamos la decisión de manera racional, no emocional: para llenar un vacío existencial, suplir una carencia o cambiar un estado anímico.
A modo de ejemplo tenemos la ansiedad por comer, cuando la persona come simplemente para saciarse y no puede parar hasta tener dolor de estómago. Como su objetivo no es nutrirse, sino más bien, reducir la ansiedad, come lo primero que encuentra en la mesa o en la nevera y lamentablemente, en el amor sucede algo semejante. Cuando la persona tiene la necesidad de ser amada o no soporta su soledad, se arrima a quien sea con tal de eliminar estas sensaciones tan desagradables. Sólo desea comer, no tiene en cuenta los alimentos que está ingiriendo porque tiene hambre y está buscando el placer inmediato, o por lo menos, eliminar el malestar.
Por: Omar el Bachiri
Psicólogo clínico y escritor


