
El movimiento genera bienestar
Ago 26, 2025Los seres humanos somos un animal con capacidad y libertad de decisión, por lo tanto, salvo que tengamos alguna dependencia física, emocional o económica, siempre podemos elegir qué hacer. Podemos decidir dónde estar, con quién y cómo, así es que, si algo nos gusta, lo disfrutamos porque ha sido nuestra elección, pero a la inversa tiene que ser igual dado que, ha sido la misma elección, pero con un resultado diferente. Es decir, si nos desagrada o molesta y por lo tanto, no lo estamos disfrutando, tenemos que hacer algo al respeto y tenemos tres opciones para ello: aceptarlo y adaptarnos para así, eliminar el malestar; cambiarlo y adaptarlo a nuestras necesidades; o irnos, alejarnos de tal cosa, persona o ambiente social. Con esto quiero decir que el movimiento es la respuesta a cualquier malestar que podamos tener, no así, el estancamiento, quedarse inmóviles y vivir en las quejas continuamente.
Esto último sólo aporta malestar, ansiedad, angustia e incluso, en ocasiones también depresión, con lo cual, o nos gusta vivir de este modo porque no conocemos otra manera de interpretar la realidad o hay que moverse para superarlo. Igualmente, esto sirve para cualquier faceta de la vida: la familia, la pareja sentimental, las amistades, el ambiente social, el trabajo, etc. Cuando ya no estamos a gusto en un lugar, hay que actuar, lo modificamos; cambiamos nuestra manera de ver las cosas; o nos vamos de ahí, pero algo hay que hacer, si no queremos enfermar mentalmente. En su momento tomamos la decisión de estar ahí porque nos aportaba algún beneficio o placer, pero actualmente ya no y por ende, no tiene sentido quedarse. A no ser claro, que tengamos alguna dependencia como he mencionado anteriormente ya que esto, es una razón de gran peso para explicar dicha decisión.
Ahora veamos algunos ejemplos para contextualizar mejor el artículo: esa persona que en su día queríamos tanto y nos aportaba alegría, actualmente, es todo lo contrario, el amor se ha vuelto una guerra y no soportamos estar con ella, pero en lugar de separarnos, nos quedamos a su lado. También, está la familia que tanto soporte emocional nos daba en un principio y ahora, se ha vuelto muy crítica con nosotros y se pasa el año menospreciándonos. Luego y para acabar, está ese puesto de trabajo que tanto orgullo nos daba hablar de él, porque se respiraba un buen ambiente laboral, o porque el sueldo era formidable y nos permitía vivir como queríamos, o porque estaba cerca de casa y por ende, nos era muy cómodo, y así con cualquier otro motivo.
La cuestión es que todo ha cambiado y en vez de generarnos bienestar, no sentimos desgraciados, malhumorados, tristes, enfadados, etc. pero, aún seguimos ahí, aferrados a un pasado fantástico. En vez de movernos y tomar una de las tres opciones, nos estancamos en las quejas, en criticar la situación y claro, esto, lejos de aportar una mejora a nuestro estado anímico, provoca justo lo contrario, lo empeora, lo lleva a la deriva, a un callejón sin salida.
Por: Omar el Bachiri
Psicólogo clínico y escritor

