El riesgo

El riesgo

Jul 2, 2025 0 Por Omar El Bachiri

Vivir ya es un riesgo, pero no le damos importancia porque damos por hecho que, una vez nos vayamos a dormir, nos despertaremos a las pocas horas. No nos paramos a pensar que podamos morir por una crisis cardíaca, pulmonar o de una trombosis cerebral, o que el edificio se hunda, o incluso, que nos asesinen. Por lo tanto, el riesgo siempre está, sólo que hay varios tipos: el asumible, el peligroso y el independiente a nuestra voluntad. Así pues, según cuál escojamos, así nos definirá en parte y paralelamente, también irá creando nuestra personalidad, nuestra manera de interpretar y afrontar la realidad. Con esto quiero decir, que a medida que vayamos tomando decisiones y viendo sus resultados, nos decantamos por un tipo o por otro, el miedo, la adrenalina, la euforia o la indiferencia nos acaban condicionando en el momento de escogerlos. Por suerte, tanto la frustración, como la alegría nos enseñan nuevas maneras de actuar o también, refuerzan las que ya tenemos y en lo referente al riesgo, aprendemos que muchas veces, por miedo al riesgo, no hacemos ciertas cosas y el resultado es todavía mucho peor.

A modo de ejemplo, la gente que tiene miedo a volar y prefiere recorrer miles de kilómetros con el coche, aumentando así sus probabilidades de morir en un accidente de circulación. Igual que la gente que no sale de casa pensando que allí está más segura que en la calle y muere por una intoxicación de gas o adquiriendo un trastorno vinculado a la ansiedad. Es decir, el hecho de evitar los riesgos, muchas veces provoca que las consecuencias sean peores. Así que, vamos a definir cada tipo para saber cómo nos pueden afectar y así saber por cuál decantarnos: el asumible es cuando calculamos los pros y los contras y aunque el resultado no sea el esperado, no altera nuestra manera de vivir. Por su parte, el inevitable es cuando no hay más remedio que escoger una opción y el peligroso, es el que nos ofrece muchos beneficios a cambio de poder perder mucho también. Pero, aun así, nuestra capacidad de gestionar las emociones es la que lo determinará, saber controlar la euforia y el miedo significa poder controlar la excitación y los nervios.

Así pues, – ¿queremos invertir en la compra de una vivienda o quedarnos de alquiler? – ¿tener hijos o no tenerlos? – ¿cambiar de trabajo por uno mejor remunerado o quedarnos en el actual porque es más seguro o a la inversa, dejar el mejor pagado por uno más seguro?  – ¿Ahorrar para la jubilación o no preocuparnos por ella y gastar todo nuestro dinero? –  Son decisiones que comportan tanto riesgos personales, como económicos y en definitiva, que escojamos la que escojamos, la cuestión para no enfermar mentalmente es aceptando el resultado y defendiéndolo, para así, no dejar espacio a los remordimientos. De ahí la importancia de saber qué tipo de riesgo escoger: – ¿el asumible, aunque no ganemos mucho, el peligroso porque puede aportarnos muchas ganancias, o el independiente, en el que no actuamos por miedo a fracasar y por lo tanto, dejamos nuestro destino en manos de terceros? –

Por: Omar el Bachiri

Psicólogo clínico y escritor