El valor del ocio

Su valor es incalculable porque a largo plazo es muy importante para mantener la salud mental. Su función es mantener la mente clara y despejada, para poder descansar de las tensiones de la vida cotidiana. Su importancia radica en que otorga un flujo de energía a la persona, además de ser una forma de ocupar el tiempo libre, es una forma de socializar, de crear nuevas amistades y de estar con la familia.

Se podría resumir como un conjunto de ocupaciones a las cuales el individuo puede librarse de manera completamente voluntaria después de haberse liberado de sus obligaciones profesionales, familiares y sociales. Para descansar, divertirse y sentirse relajado para perfeccionar su formación desinteresadamente, o para participar voluntariamente en la vida social de su comunidad. Igualmente debo decir qué se distinguen dos tipos de ocio, el pasivo y el activo, el primero es aquel que no aporta nada a posteriori, como puede ser ver la televisión. No requiere ningún esfuerzo por nuestra parte, simplemente pasar las horas muertas.

En cambio, el segundo, es aquel en el que invertimos tiempo y dedicación para desarrollarnos personalmente y en el que podemos potenciar nuestra creatividad. Por ejemplo, estudiar o hacer deporte, de  aquí su valor incalculable. Sabiendo el efecto regenerador que tiene sobre nuestro organismo, se podría afirmar que tiene una relación directa e inversa con el estrés, a mayor ocio, menor estrés. Este es el motivo de la creación de las vacaciones y de los días festivos, para prevenir el estrés y otras patologías. Sin embargo, aún siendo conscientes de esta relación, cada vez hay más gente diagnosticada de depresión y ansiedad.

Lamentablemente se debe al ritmo de vida tan consumista que llevamos en la actualidad, muchas personas han pedido préstamos a los cuales no pueden hacer frente y han tenido que acceder a un segundo empleo o hacer horas extras y como consecuencia, no desconectan y acaban agotadas. No se dan cuenta del precio tan elevado que están pagando por no escuchar a su cuerpo, este obedece a la mente y si esta no descansa, lo enferma para obligar a la persona a parar y alejarse durante un tiempo del trabajo, de la fuente de agotamiento.

Por: Omar el Bachiri

Psicólogo clínico y escritor

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