Histeria colectiva

La histeria colectiva se podría definir como un ataque de ansiedad grupal. Puede desencadenarse por cualquier circunstancia que conlleve la pérdida de poder adquisitivo y/o ponga en peligro nuestra supervivencia. Una guerra, un ataque terrorista, el hundimiento de la bolsa, un boom inmobiliario, una enfermedad, etc. Solo hacen falta dos factores para que aparezca el contagio colectivo. Que la persona u organización encargada de la información sea un referente en ese tema y saber manipular el contenido del mensaje. Esto hará que los medios de comunicación se interesen y difundan la información a sus anchas. Eso sí, lo harán a su manera. Para crear noticia donde no la hay y así ganar audiencia. No hablo de mentir, sino, de la manera de informar. El tono de voz, las palabras adecuadas y los titulares usados. Según el modo de informar se puede incitar al pánico o a la calma. Al odio o al amor. Una vez se ha difundido el mensaje, el resto de la población, lejos de analizar la situación y buscar el para qué de dicha información, se dejará llevar por las emociones.

El razonamiento queda bloqueado y en consecuencia entra en juego la mente reactiva (acción-reacción). Se deja de pensar y se actúa por supervivencia. La población se convierte en un rebaño. Actúa como un grupo pero sin líder. Un grupo formado de la nada. Sin premeditación, ni objetivo en común. Se va moviendo según aparecen las noticias. Como no razona, sólo se fija en la parte negativa de la información. De las noticias sólo se queda con el titular. No profundiza en el contenido. Es mucha información de golpe. Los medios de comunicación nos bombardean y somos incapaces de filtrarla. Han saturado nuestro cerebro y tenemos nublada la capacidad de juicio. Se crea un estado de alarma inexistente. Se instaura la ansiedad. Dolor de pecho, de cabeza, mareos y ardor estomacal. Acompañado de náuseas, desmayos, e incluso convulsiones. El miedo puede trastornar por completo el sistema nervioso central. En este momento de bloqueo es cuando se empiezan a imitar las conductas de los demás. Se busca algún referente que nos genere seguridad y la mente entiende que si él o ella, lo hacen, es que es bueno y tiene sentido. Es en este preciso momento cuando adquirimos el sentimiento de grupo.

Nos desindividualizamos y perdemos la identidad para entra en el anonimato. Nos deshacemos de la responsabilidad. La delegamos en el grupo. Los demás no van a juzgarnos como individuos, sino, como un conjunto de personas. Es lo que se denomina difusión de responsabilidad. Es el sentimiento de que la responsabilidad de las conductas es compartida por el resto de miembros del grupo. Esto sucede porque la población cree que las indicaciones de las autoridades no son suficientemente claras. Entonces la parte más vulnerable entra en pánico y se comporta de forma drástica. Desde peleas, robos, hasta simplemente acumular papel higiénico. Como se ha podido ver en el caso del coronavirus. Gente comprando una cantidad desmesurada de rollos de papel. Una conducta sin sentido pues, lo que se busca frente a una posible escasez de alimentos es llenar el frigorífico o dejar la despensa llena de comida. El miedo es una emoción muy poderosa. Mientras dura no se puede pensar, sólo se busca escapar.

¿Pero cómo evitar caer en esta espiral?

Aunque parezca mentira, la forma de no entrar en ella es analizando la situación antes de actuar. ¿Para qué quiero tanto papel higiénico?

Básicamente hay que responderse a estas dos preguntas: 1- ¿está justificada mi conducta? y 2- ¿qué me aporta?

Para poder contestar adecuadamente hay que ser capaz de gestionar las emociones porque, durante la histeria se actúa por instinto. Solo sobrevive el más fuerte. Es primordial reconocer las emociones que estamos sintiendo. ¿Son el miedo o la ira? Estas dos emociones, junto con la alegría, son las que más condicionan nuestra elección de comportamiento. ¿Hago esto o aquello? Proporcionan mucha energía y además, nos mantienen motivados y las usamos como justificación para cualquier acto que hagamos. Si estamos alegres compartimos, si tenemos miedo atacamos o huimos y si tenemos ira, nos volvemos agresivos. De ahí la importancia de analizarlas primero, para posteriormente dales un significado.

¿ Qué significa tener miedo o estar enfadado y cómo se supone que debemos actuar? ¿Agrediendo, robando, provocando destrozos, comprando compulsivamente, etc? Haz esta prueba la próxima vez que sientas la necesidad de actuar. Primero analiza la emoción y luego siente cómo entra dentro de ti e invade todo tu cuerpo, modificando tu carácter. ¿Te encuentras mejor, calmado o por el contrario has empeorado? Depende de la respuesta actuarás de una forma o de otra. Sólo buscarás desahogarte y deshacerte de la sensación que te produce la emoción. Luego, una vez hayas acabado, razona si tu situación personal ha mejorado y si ha merecido la pena el esfuerzo invertido para satisfacer dicha conducta.

Por Omar el Bachiri

Psicólogo clínico y escritor

 

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