La fatiga crónica y la actitud

 

Imagínate un estado gripal que te dure todo el año, tienes apatía, sueño, dolor de cabeza, cansancio generalizado y dolor en las articulaciones. Sólo deseas quedarte en tu cama, es más, quieres levantarle pero muchas veces no puedes, tu cuerpo no responde.

Estos son algunos síntomas de este síndrome, también denominado encefalomielitis miálgica, es una enfermedad que se caracteriza por un cansancio extremo, no hay forma de recuperarse, dormir no es la solución pues no hay sueño reparador. Es igual que duermas 12 horas, como que duermas 8, te despiertas agotado. Este hecho conduce a la desesperación y se traduce en un estilo de vida guiado por la ansiedad o por la melancolía, dependiendo de cada persona.

Actualmente se desconoce su origen y su diagnóstico es por exclusión pues no hay pruebas objetivas que la puedan demostrar, pero un requisito indispensable para su diagnostico es que el cansancio tiene que estar presente un mínimo de 6 meses continuos, para descartar cualquier enfermedad o trastorno relacionado con el dolor o con el cansancio, como pueden ser el cáncer, las migrañas, la depresión, el insomnio, etc.

Debido a la cantidad de pruebas que se realizan, suelen transcurrir más de dos años hasta dar con el diagnostico. Es una larga espera y no hay peor angustia que el desconocimiento del motivo de nuestro malestar.

Esto imposibilita que puedas relacionarte de una forma adecuada con tu entorno social, a lo mejor has quedado con alguien para ir a tomar algo mañana y te despiertas agotado, con lo cual anulas la cita.

En consecuencia, tras repetidas veces la misma situación tu círculo social se reduce drásticamente. Esto sería la definición a groso modo de la enfermedad y por su parte, la actitud es la forma de interpretar la realidad.

Esta no es ni mala, ni buena, sino, neutra, siempre depende de nuestro estado anímico y de lo perjudicial o beneficioso que nos resulte una situación en concreto. Nuestros pensamientos interpretan la situación y le dan un significado, perciben unos síntomas físicos y los interpretan de una forma u otra, transmiten la información al cerebro y este se encarga de su gestión.

En definitiva, te estoy diciendo que tengas cuidado con tu dialogo interno, actuamos según lo que pensamos. Inconscientemente, nuestros pensamientos guían nuestra conducta.

Visto la importancia de los pensamientos, nuestra actitud define nuestra personalidad y esta refleja la forma de afrontar la enfermedad.

Te aliarás con la ansiedad, con la melancolía o simplemente aceptarás la enfermedad y te adaptarás a ella. Tu modo de vida girará en torno a ella, habrá días agradables y otros no tan agradables. Igualmente, su tratamiento se aborda desde dos puntos distintos pero interconectados, desde la biología y la cognición.

Por parte de la primera, se usa la medicación antidolor y los antidepresivos y por parte de la segunda, se trata de adquirir una actitud proactiva, optimista y un estilo de vida activo, para  distraer la atención tanto del cansancio como del dolor.

El objetivo de la cognición es que disfrutes al máximo los días agradables y tengas herramientas mentales para afrontar los no tan agradables. Es un hecho que las emociones surgidas por los pensamientos influyen en el sistema inmune y lo hacen a través de las endorfinas.

Reír, cantar, bailar, pasear, hacer ejercicio físico, ver un programa de televisión, una obra de arte, dibujar, leer, escribir.

Todo aquello que nos produzca placer, produce que el organismo las segregue. Funcionan como un analgésico natural, se las considera la morfina del organismo porque reducen el dolor y estimulan los centros del placer, generando la sensación de bienestar.

Con lo cual según en qué momento del día y la intensidad del cansancio o del dolor, haremos una cosa u otra. De ahí la importancia de tener una mente activa y no derrotista, no tiene sentido que durante los días agradables te quedes en casa lamentándote de tu vida, si sabes que pasado cierto tiempo llegarán los no tan buenos.

Es más, siendo optimistas nos alejamos del victimismo, no le echamos la culpa de nuestro mal a nadie, lo aceptamos e intentamos que nos afecte lo menos posible en nuestra rutina diaria.

Debido a que no existe ningún medicamento que haga desaparecer ni el dolor ni el cansancio, la mejor manera de hacerle frente es con una triada, la psicología, el ejercicio físico y la medicación.

Esta última se hará de forma puntual, cuando el dolor o cansancio sea un obstáculo para realizar las obligaciones diarias (trabajar, cocinar, asearse, etc.)

Por su parte, las otras dos, serán un estilo de vida, practicar ejercicio a diario y enfocar la atención en los placeres de la vida. Paradójicamente, el deporte aunque sea beneficioso también es causante de dolor pues en muchas ocasiones la persona debido al esfuerzo realizado, acaba agotada de la misma forma.

Es este caso, solo se aconseja su uso los días o momentos donde no hay síntomas. Siendo optimistas, la persona acepta la dolencia, sin embargo, siendo negativa, se abandona y entra en un bucle melancólico, pudiendo incluso caer en depresión.

El dolor constante mal interpretado conduce a una mala gestión de las emociones, de ahí la importancia de la actitud, de entender qué nos está sucediendo para poder aceptarlo. No se trata de rendirse, sino, de aceptar la enfermedad, te ha tocado igual que te ha tocado el color de los ojos, el color de piel, la altura y tu lugar de nacimiento, etc.

Para acabar, decir que lamentablemente, la persona que sufre esta enfermedad, debido a su desesperación es el blanco perfecto de los vende humo, gente que vende milagros, hierbas mágicas, agua milagrosa, invocación de espíritus, etc.

El resultado es que el dinero desparece pero el cansancio y el dolor se quedan.

Por: Omar el Bachiri

Psicólogo clínico y escritor

 

 

 

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