
La felicidad y el dinero
Oct 25, 2024El dinero quizás no dé la felicidad, pero no se puede negar que modifica nuestro estado anímico. Nos puede provocar la euforia y muchas veces este sentimiento se confunde con la felicidad. Con lo cual, mucha gente gasta su dinero buscando la felicidad cuando realmente, lo que está haciendo, es endeudarla. Es decir, está manteniendo en el tiempo un sentimiento irreal, se ha hipotecado durante años con una emoción que apenas dura unos 90 segundos y el sentimiento posterior tampoco es que sea indefinido, seguramente desaparecerá a los pocos meses. Hay varios estudios psicológicos que demuestran este hecho, se ha entrevistado a gente que ha ganado una suma importante de dinero en la lotería y que aseguraba estar feliz, pero transcurridos no más de tres meses ha vuelto a su estado anímico anterior.
Por lo tanto, hay que vigilar mucho cuando llevamos dinero encima y estamos eufóricos o justo al contrario, tristes o incluso aburridos, porque podemos gastarlo movidos por estos sentimientos. El primero nos hace creer que somos felices y cuando empieza a desaparecer, gastamos el dinero en cualquier cosa buscando que vuelva, porque lo añoramos. En cambio, cuando estamos en un estado contrario: tristes, melancólicos o aburridos, gastamos para revertir la situación y buscar la felicidad. Por eso mismo se ha asociado comprar con el bienestar, cuando realmente lo que estamos haciendo es buscar la euforia del momento. Es como si fuéramos fumadores y lleváramos dos horas encerrados en una sala, buscaríamos cualquier excusa para salir a fumar porque añoramos ese momento placentero.
Definitivamente, la euforia es un sentimiento muy motivador y energético, nos impulsa a conseguir cualquier cosa que deseemos y claro, esto es adictivo y lamentablemente, si no se controla, nos hace gastar impulsivamente. Pero igualmente, gastar no es el problema siempre y cuando sea pagando al contado, porque el dinero está para eso mismo, para disfrutarlo. El problema radica cuando se paga a crédito dado que, estamos hipotecando nuestro futuro por una emoción que ya no está, se ha evaporado y nos ha dejado limitados económicamente. Es decir, muchas veces, la búsqueda de la felicidad basada en el dinero provoca justo lo contrario, el malestar y la tristeza porque las deudas adquiridas no nos dejan dormir.
Por: Omar el Bachiri
Psicólogo clínico y escritor


