La pareja sentimental tóxica

 

Un miembro de la pareja o ambos, saben que no están bien pero se aferran a la relación. Han olvidado o no tienen en cuenta el motivo de porqué decidieron unirse. Ahora lo hace algo totalmente diferente. La adicción al malestar. A un estado de preocupación y de tensión constante. Mientras están en este estado dejan de preocuparse por sus problemas reales. El alquiler de la vivienda, los préstamos, la familia, el trabajo, etc. Es una relación basa en la idealización de la relación de pareja. De su función y su estructura. La persona busca la felicidad en ella, en vez de aportarla. No tiene en cuenta que la relación se basa en aportar y compartir alegrías. Es decir, si yo estoy bien, puedo ofrecer felicidad. Si estoy mal, sólo sumaré desgracias. Por eso muchas veces, después de una ruptura sentimental donde la dinámica era pesimista y negativa, cuando la persona empieza otra nueva, sigue en la misma línea. Entiende que es la forma de comportarse en pareja. Con reproches y descargando su frustración. Cada vez que hay algún problema, en vez de dialogar y buscar soluciones, le deja de hablar durante un tiempo. Cree que de esta forma los problemas se solucionan solos. No conoce otra forma de expresar sus sentimientos y de afrontar el malestar.

Estoy hablando de las creencias de cada uno. Estas van a guiar tu futuro y condicionar tu presente. Según cómo hayas interpretado tus experiencias pasadas, irás sacando tus conclusiones y así irás acomodando tus creencias. Para que lo entiendas mejor. – Si tu pareja te ha sido infiel, creerás que tu futura pareja también lo será. Si tu pareja te mentía, serás desconfiado/a con la siguiente que tengas y así con todo el malestar que hayas sufrido – Es lo que se denomina tener prejuicios. Te juzgo antes de conocerte o hagas cualquier acto. Me adelanto a los hechos porque generalizo las conductas y las situaciones. No tengo en cuenta que todos somos diferentes. Tampoco tengo en cuenta la madurez personal. No es lo mismo tener 30 años que 40. Como tampoco es lo mismo tener hijos pequeños, adolescentes o mayores de edad. No ser consciente de estas diferencias es estar abocado al fracaso emocional. Se fracasará en la gestión del malestar.

En este tipo de relaciones se quieren cambiar aspectos de la otra persona. No de la pareja como binomio, sino, de la persona como individuo. Se deja de aceptarla tal cual se conoció. Se ha idealizado la relación. Se quiere influir en su forma de vestir, de hablar, de comportarse en público, de pensar, en sus gustos musicales, de cine, e incluso en su forma de gestionar el dinero, etc. No se deja fluir la relación. Se fuerza su rumbo sin dejar espacio para la improvisación y la posterior adaptación, tan necesarios en cualquier nueva situación. Lo que viene a ser el cambio de hábitos y costumbres.

La relación tóxica surge durante los primeros tres meses porque, se ha basado en engaños y mentiras. Uno de los dos o ambos han justificado su forma de ser o algunas conductas puntuales. Además, se añaden u omiten hobbies, vicios y ausencia o presencia de celos. La persona asegura que es deportista, le gusta salir a pasear, restringe bastante el consumo de alcohol y/o tabaco. No consume drogas ilegales ni medicamentos psicotrópicos, le gusta viajar, salir de fiesta, estar con la familia, etc.

Es decir, conceptos para camelar a la otra persona. Según el feedback recibido se decantará por unas virtudes u otras. Es la necesidad de agradar como sea. Miedo al rechazo. Pasados estos tres meses, empieza a mostrarse la personalidad real del sujeto. No es tan deportista como decía, bebe más alcohol de la cuenta y fuma bastante. Luego, para evitar la ansiedad o la tristeza recurre a medicamentos o al consumo de droga ilegal. Debido a estas conductas su carácter no es el mismo. Ha cambiado. No es la persona que conociste.

No es lo que buscabas en la relación. Tranquilidad, paz, diversión, conversar, pasear, salir a bailar, libertad de movimiento, etc. Este es el momento donde tienes que decidir si continuar con la relación o poner punto y final. Si te decantas por la primera opción porque, crees que cambiará o porque de alguna forma te compensa, lamentablemente, tu relación se convertirá en tóxica. Vas a pagar un precio muy alto por evitar el malestar que surge tras una ruptura sentimental. Vas a padecer durante un tiempo indeterminado por no haber querido hacerlo durante uno limitado.

Un aspecto curioso de estas relaciones es la facilidad con la que se pasa de un estado de amor a uno de rencor y odio. Se vive en una mentira. Uno o ambos miembros de la pareja se declaran enamorados. Se dicen palabras tiernas y se dan abrazos pero, en cuestión de minutos, es justo lo contrario. Surgen amenazas de ruptura, de abandono. Se añaden reproches y malas caras. Acompañado de difamaciones y comparaciones con anteriores parejas. Este es el punto clave. Las parejas anteriores. Se está buscando no revivir las mismas situaciones anteriores pero obviando que la persona no es la misma. Se está haciendo uso de las creencias mencionadas anteriormente. De los miedos adquiridos y estos van a dinamitar cualquier relación sentimental que emprendas.

De ahí la importancia de no generalizar las situaciones, ni a las personas. Según interpretes las situaciones, te convertirán en un ser frío y sin sentimientos. Pero, también te pueden fortalecer o simplemente dejarte indiferente. Según el significado y valor que les quieras dar. La vida es un continuo aprendizaje y las experiencias son los profesoras. Depende del alumno qué aprender y cómo usar ese conocimiento.

¿Lo usará para sufrir o para ser feliz?

Por: Omar el Bachiri

Psicólogo clínico y escritor

 

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