Misofonía, ¿Qué es?

Es un trastorno que afecta alrededor del 15% de la población mundial y se caracteriza una perturbación mental causada por sonidos cotidianos, pero que pasan desapercibos para la mayoría de entre nosotros. Son tan diversos como masticar, respirar, sorber, toser, el chasquido continuo de los dedos, el jugueteo de los cubiertos sobre el plato, etc. La persona que lo padece se irrita e incluso puede comportarse de forma agresiva si no se aleja de la fuente de emisión. Paralelamente, hay una relación lineal, a mayor confianza con la persona que emite los sonidos, mayor malestar sufrido. Conviene subrayar que actualmente la teoría más plausible defiende el origen en una asociación desagradable con algún ruido o imagen en concreto y en cuanto la persona revive el momento, se altera. Igualmente se habla de algún daño o alteración neurológica pero no se puede demostrar.

Por su parte, la terapia psicológica se enfoca en el modo de afrontar e interpretar dichos sonidos. En primera instancia, – tenemos que entender porqué nos afectan dichos sonidos y seguidamente cambiarles el sentido otorgado a esas sensaciones – Es decir, por qué nos producen asco, rabia, odio, angustia, estrés, etc. y una vez entendido, cambiar la sensación para convertirla en una respuesta neutra o indiferente. Se trata de entender porqué el mismo sonido emitido por la misma persona y en el mismo lugar nos perturba de modo diferente, según nuestro estado emocional y/o atención prestada en ese momento.

Dicho de otro modo, – ¿Por qué si no le presto atención no me afecta, si igualmente está presente? – Indudablemente la respuesta está ahí mismo, en la capacidad de concentración, es como ir en un vagón de metro lleno de gente, oímos voces pero no seguimos el hilo de las conversaciones de los demás pasajeros. Tendríamos que centrar nuestra atención si quisiéramos seguirla. Pues en este caso es al contrario, tenemos que desviarla, lo que viene siendo la atención selectiva. Se trata de oír el sonido pero no darle ningún valor, más bien sería, aceptar que esa persona no puede evitar hacerlo, es su forma de actuar. Es entender que no estamos solos en el planeta y convivimos con más personas. Ahora bien, esto es la teoría pero en la práctica hay que cambiar ciertos modos de pensar para poder deshacerse de este trastorno.

Primero hay que aumentar el umbral de la tolerancia y para ello es imprescindible conocer el motivo de la reacción, – ¿Por qué nos causa malestar? – Indudablemente, pueden ser varios e incluso adquiridos durante la infancia pero, la solución más práctica no es ahondar en ellos, sino, en trabajar la atención selectiva. No podemos permitir que teniendo la capacidad de oír, esta vaya en contra nuestra. Igualmente, dependerá de las herramientas adquiridas para afrontar dichas situaciones, hay quien inmediatamente escucha música, habla en voz alta, desvía la mirada o abandona el lugar. Todas están bien, siempre y cuando no supongan un obstáculo a nuestra jornada diaria, a nuestras obligaciones o compromisos sociales.

En otras palabras, la atención selectiva es la que permitirá superar el trastorno y devolver a la persona la libertad de movimiento, poder interactuar socialmente y reunirse con los amigos. Esta hará que se procese la información relevante y se suprima la sobrante. Por ejemplo, en la absorción o el masticar de los alimentos, nos focalizaremos más en el hecho de alimentarse que en la conducta por sí sola y así con todos los sonidos, nos fijaremos en su funcionalidad. A su vez, también trabajaremos la gestión del tiempo, entender que son conductas no muy largas, suelen durar minutos. Esto nos permite controlar el estado de frustración y en muchas ocasiones transformarlo en otro más productivo. Para que me entiendas mejor, son situaciones que se repiten a menudo, ya sabes cómo te sentirás cuando surjan, pues se trata de ir practicando nuevas formas de comportamiento.

La idea es que cuando estés inmerso en ellas y tu mente empiece a estresarse y bombardearte con ideas ridículas y sobre todo, perjudiciales para tu persona, tengas la capacidad de afrontarlas de un modo diferente y productivo. Siempre puedes aprovechar para hacer otras cosas y si no es posible alejarse de la escena, centra tu mirada en la persona que provoca ese ruido infernal pero no directamente a los ojos, sino, en su frente. La otra persona no se sentirá acatada, ni evaluada por ti, simplemente estará viendo que la observas, a su vez, esto te dará unos segundos para analizar por qué te molestan los ruidos emitidos. Seguramente la respuesta está en tu estado de ánimo, porque difiere bastante dependiendo de si estás cansado, eufórico, aburrido, ocupado, etc.

Como estarás viendo, me estoy refiriendo a la atención selectiva y al punto de enfoque. Según como te sientas anímicamente, te centrarás en unos ruidos o en otros y muchos ni los percibirás, pasarán totalmente de largo. En conclusión, el objetivo final es poder generar voluntariamente la satisfacción mental que te produce la euforia o la calma y de esta forma ser capaz de desviar o centrar tu atención en la dirección deseada.

Por: Omar el Bachiri

Psicólogo clínico y escritor

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