Presión de grupo

Es un hecho que nuestra conducta difiere cuando estamos rodeados de más personas, estamos solos y/o nos sentimos presionados. No tendría porqué ser así y desde la psicología se intenta explicar, lo hace basándose en los sesgos cognitivos (errores en la interpretación de la realidad). De entre ellos citaré tres diferentes: el efecto arrastre, el sentimiento de identidad compartida y el falso consenso. Todos tienen que ver con la formación de grupos y es debido a que los seres humanos necesitamos de la interacción social para sobrevivir. Individualmente, moriríamos al poco tiempo de nacer, primero necesitamos de nuestros padres y luego de un ambiente enriquecedor, para tener un correcto desarrollo mental. Durante la infancia y posteriormente, en la adolescencia es cuando aprendemos y desarrollamos las conductas sociales y a partir de ellas, según nuestro umbral de frustración y/o miedos, estaremos condicionados en nuestro modo de interacción. Lucharemos por defender nuestra opinión o por el contrario, nos dejaremos llevar por la de los demás.

Acabo de resumir las palabras: – Tener personalidad y actitud proactiva – Si no las tienes, seguramente siempre irás a favor de la mayoría y lo harás por dos motivos, uno es por miedo a equivocarte y el otro, es por miedo a ser juzgado y ser señalado por el grupo. Prefieres ser uno más del conjunto a destacar por no opinar igual, tienes baja tolerancia a la frustración y te faltan herramientas para defender tu opinión. Estoy hablando del efecto arrastre. Es la tendencia a creer o a hacer algo, sencillamente porque la mayoría de la gente lo hace. Un claro ejemplo, es el boom inmobiliario, entre los años 2000 y 2008, muchísima gente se endeudó en comprar viviendas, que actualmente no cuestan ni la tercera parte del valor pagado. Se tenía el pensamiento unificado de que si el vecino, amigo o familiar se compraba uno, por algo sería y no hacer igual que ellos, sería absurdo. Es más, se hablaba de dos grupos diferentes, el de los propietarios y el de los que viven de alquiler.

Otro ejemplo, podría ser comprar el décimo de navidad, como la mayoría de ciudadanos lo compra, tú también lo haces, no vaya a ser que toque y te sientas mal por ello. Es una circunstancia relacionada con la toma de decisiones, aún sabiendo que no es la mejor opción para uno mismo, se decanta por ella. Sin embargo, tiene su explicación, es la necesidad de sentirse integrado en el grupo, es el sentimiento de identidad compartida. Nos empuja a querer formar parte de algún grupo en concreto. Es una forma de sentirnos queridos y protegidos, creemos que los demás nos van a ayudar en los momentos difíciles. Debido a estas ideas, compartimos ideologías y maneras de comportamiento, somos solidarios con los otros, buscamos la empatía grupal. Siempre se ha dicho que la unión hace la fuerza. Por otro lado, tampoco es necesario tener los mismos objetivos, ni exactamente las mismas ideas. Basta con sentirse identificado en ciertos aspectos importantes para nosotros, en ese momento de la vida.

Igualmente, no hay que olvidar que con el paso de los años y debido a las experiencias vividas, vamos cambiando o modificando nuestras preferencias y eso se traduce en ir cambiando de grupos. Con 20 años, podemos ser unos fanáticos del fútbol y a los 40, dejar de interesarnos y decantarnos por el baloncesto. Sucede igual con el objetivo de vida, con 20 años podemos ser unos rebeldes e inconformistas y a los 40, ser más conformistas y llevar un estilo de vida sedentario, centrado en no complicarse mucho la existencia. Este cambio de mentalidad es debido a la coherencia conductual, no es otra cosa que actuar según se piense. En cuanto se hace lo opuesto, surge la disonancia cognitiva y ya no nos sentimos identificados con el grupo, este cambio de actitud se puede explicar por el falso consenso. Se define como la sobreestimación del grado de acuerdo contraído con el grupo.

Pensamos que nuestras opiniones, creencias, costumbres y maneras de comportarnos, son compartidas por todos los miembros del mismo. En un principio parecía que las ideas eran compartidas por el resto pero transcurrido un tiempo percibimos que no es cierto. Seguramente la idea general es la misma, pero las pequeñas diferencias son un obstáculo para continuar en él. Gracias a estos sesgos se puede tener una cierta predicción de la conducta humana y en consecuencia se nos puede manipular socialmente. Por otra parte, siendo conscientes de su influencia se pueden evitar y la mejor manera de hacerlo es adquiriendo personalidad y potenciando la actitud proactiva. La manera más simple y rápida de hacerlo es actuando en consonancia con los pensamientos, somos lo que hacemos, no lo que decimos que haremos.

Dicho de otra manera, pronto llegará la vacuna del COVID-19, seguramente la mayoría de los ciudadanos nos vacunaremos y aquí es donde entra en juego la presión del grupo. Qué motivo me llevará a vacunarme, ¿La presión social, el qué dirán de mí si no lo hago? – ¿El miedo al rechazo social, miedo a que los demás me dejen de lado? – ¿El efecto arrastre, me dejo llevar por la tendencia del momento? – ¿El falso consenso, es decir, creo que todos nos vacunamos y por eso lo hago? – ¿O lo haré por la identidad de pertenencia grupal, la mayoría de personas de mi núcleo más cercano se vacuna y yo no quiero ser menos que ellos? De igual modo, también queda la opción de hacerlo sin la manipulación, decido que es la mejor decisión que puedo tomar. Estoy convencido de que la vacuna me vendrá bien. A modo de conclusión, el factor más importante es tener claro el motivo y aceptarlo, es un reflejo de la actitud y la personalidad. Hago lo que pienso y asumo sus consecuencias.

Por: Omar el Bachiri

Psicólogo clínico y escritor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *