Ser autónomo

 

Querer tener tu propia empresa. Una decisión que cambiará el rumbo de tu vida y lo hará por dos motivos básicos. Uno, porque amarás tu trabajo y dos, porque si sale mal te puedes endeudar durante muchos años. Tienes que tener claro el motivo de porqué lo haces y qué buscas. ¿Quieres ser independiente laboralmente y/o dedicarte a lo que realmente te gusta? Es una decisión muy importante porque sacrificarás tu tiempo libre. Dejará de existir. Por lo menos al principio. Durante los primeros 12 meses es lo que te espera. Trabajar para cubrir gastos. Tienes que generar una cartera de clientes. Darte a conocer y que te relacionen con el producto. Es decir, trabajar el marketing. Crear la necesidad de que te contraten o compren tu producto. Es lo que viene a ser la publicidad y uno de los mejores medios donde publicitarse son las redes sociales. Tienes que interactuar con los demás. Si no te ven, no existes. El mercado laboral es muy feroz. Hay más empresas como la tuya. Con los mismos servicios y gente muy preparada. Seguramente igual que tú o más.

Tienes que aprender a ser competitivo pero, sin perder calidad. Los futuros clientes han de percibir que eres la mejor elección. Para no fracasar en el intento tendrás que invertir tiempo en adquirir y desarrollar dos inteligencias fundamentales para el mundo empresarial. La inteligencia financiera y la emocional. Te ayudarán en la gestión del dinero y de las emociones. Con la financiera, entenderás de inversiones económicas y la gestión de los impuestos. Estos pueden devorar tu negocio si no conoces su mecanismo. Relativo a las inversiones, todos sabemos que hay que comprar barato para vender más caro. Ahí está el beneficio económico pero, si no sabes negociar y pedir un precio justo, poco margen de beneficio te quedará. De esto se encarga la inteligencia emocional. Influye en la gestión de las emociones y en la toma de decisiones.

Como nuevo empresario te moverás por el miedo a perder dinero o por el afán de ganarlo. También está la opción de no moverse. Para no perder dinero pero, esta última forma de trabajar es la que conduce a la desaparición. El mundo va cambiando y si no te adaptas, mueres.

Relativo a las emociones, regulan tu temperamento y mejoran tu capacidad de negociación. Lo que te convierte en un ser paciente y disciplinado. Como sabrás negociar, serás persuasivo. Sabrás cómo decir las cosas, qué tono utilizar y qué vocabulario usar. Te has vuelto una persona proactiva y con mente de autónomo. Has dejado atrás la de asalariado. Intercambiar horas por dinero. Cuantas más trabajabas, más ganabas. Esto es tener el ingreso limitado a ciertas horas diarias. Ahora, sin embargo, trabajas de otra manera. Cuantos más productos vendes o servicios facturas, más ganas. Trabajando las mismas horas, puedes obtener mayores ingresos.

Con tu nueva forma de pensar ves e interpretas las situaciones de forma diferente. Puedes ganar dinero incluso estando durmiendo. Según qué negocio tengas. Este sería el caso de los alquileres de mercancía. Valoras más tu tiempo porque dispones de poco y quieres exprimirlo al máximo. Una persona proactiva se aleja de las distracciones. Quiere alcanzar sus objetivos en el menor tiempo posible. Sus conductas se enfocan siempre en hechos constructivos. No pierde el tiempo. Se está formando constantemente y con esta actitud ve oportunidades de negocio donde otros ven problemas. Si aparece un diluvio, querrá vender paraguas o chubasqueros. Si irrumpe una oleada de frío, querrá vender radiadores, abrigos, guantes, etc. Transforma su negocio. Se reinventa.

Pensando de esta forma no das pie a que los morosos te tomen el pelo. Las personas o empresas que no quieren respetar el acuerdo contraído contigo. En cuanto se cumple el plazo de pago de las facturas, exiges tu dinero. Valoras el tiempo invertido y no te da vergüenza reclamar lo que es tuyo. Con este tipo de gente nunca puedes ir de frente porque, la respuesta siempre será la misma. Un no rotundo. Muchas empresas quiebran, por no saber reclamar su dinero. Lo que es suyo.

Como he dicho antes, serás proactivo y esto te lleva a ser previsor. Has aprendido a controlar el miedo y la frustración. Es de suma importancia no dejarse llevar por el  miedo. En esta caso sería el miedo a no facturar lo suficiente, para hacer frente a los gastos mensuales. Es el motivo principal que hará que empieces con tu negocio o que abandones el proyecto. Luego, controlando la frustración, eres consciente de que las crisis económicas llegan sin avisar. Aparecen de un día para otro. Estoy hablando de la capacidad de ahorrar. Siendo empleado estabas a una nómina de la ruina, por eso ahorrabas. Para poder afrontar por los menos tres meses seguidos, sin recibir ningún ingreso económico. Pues siendo autónomo es lo mismo. Tienes que tener la cantidad necesaria para afrontar los mismos meses sin facturar. Durante este tiempo puedes decidir si mantener el negocio o transformarlo en algo diferente. Esto se consigue apartando anualmente el 10% de los beneficios. Viene a ser una bolsa de emergencia.

Como he dicho al principio del artículo, tienes control sobre el miedo. De ahí la importancia de la inteligencia emocional. Para tener la capacidad de decisión en momentos críticos y no dejarse influenciar por la situación económica del  momento. El pánico.

Por: Omar el Bachiri

Psicólogo clínico y escritor

 

 

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