Ser pobre, ¿Es una decisión personal o política?

Antes de empezar a escribir el articulo, quiero definir mi idea de la pobreza. Persona que una vez a trabajado sus 40 semanales durante todo el mes, sólo le alcanza para pagar el alquilar y cubrir las necesidades básicas. Estar por debajo de este umbral se traduce en miseria, significa que no tienes para subsistir. Este calculo es válido para cualquier lugar del planeta. Entonces la pregunta que dejo en el aire es, – ¿Somos pobres porque queremos o lo somos porque lo impone el gobierno? –

Este último instaura un sueldo mínimo justamente para que ningún trabajador viva en la miseria. La teoría es buena, trabajamos 40 horas semanales durante todo el mes y el país se asegura de no tener indigentes. Luego, en la practica ya es otra cosa porque igual que instaura un sueldo mínimo, también tendría que asegurar una vivienda digna a toda la ciudadanía y un transporte público de bajo coste. Es a partir de este calculo que habría que ajustar el sueldo mínimo, para no caer en la miseria. Este es el principal motivo de su creación, que los trabajadores podamos mantenernos por nosotros mismos, por el dinero ganado gracias al trabajo. Es un intercambio social, ofrecemos mano de obra al país y este nos asegura una cantidad de dinero para subsistir.

Esto sería por la parte del gobierno, pero qué pasa por la parte del trabajador, – ¿Por qué hay personas que se conforman con ganar el sueldo mínimo durante toda su vida laboral? – ¿Por qué no se esfuerzan en progresar, en invertir en educación financiera y/o profesional? – Estas inversiones son las que permiten el progreso personal, ya sea en la misma empresa, en otra diferente o creando la suya propia. Todos vamos a la escuela y básicamente aprendemos los mismos conceptos y luego una vez entramos en el mercado laboral, habrá gente que progresará y gente que se acomodará a la pobreza. Es sorprendente ver cómo hay personas que se condenan ellas mismas a ganar siempre el sueldo mínimo, no quieren mejorar su situación financiera. Se han acomodado a un estilo de vida básico y encuentran seguridad en él. Tienen la creencia de que no pueden acceder a unas ganancias superiores y es debido a su autopercepción (la forma de vernos a nosotros mismos). Es limitante, se han convertido en expertos de las excusas, cualquier pretexto es válido con tal de no esforzarse y su mejor excusa es que tener más dinero, no nos hace más felices. Entonces, ¿Para qué esforzarse?

No tienen en cuenta que si bien el dinero no da la felicidad, su forma de gestionarlo si que lo hace. Claro que la riqueza no asegura la felicidad, pero la pobreza tampoco lo hace, ni tampoco es sinónimo de ser honrado, como suelen pensar estas personas. Asocian la pobreza con la bondad y la riqueza con la maldad, su frase favorita es: “Soy pobre pero honrado”. Debido a su autopercepción, se infravaloran, se ven incapaces de superarse a sí mismas y esto imposibilita emprender cualquier proyecto. Han anulado su motivación para la superación personal, carecen de objetivos claros en la vida. Simplemente se dedican a esperar el día de cobro, para pagar las facturas y empezar de nuevo. Trabajar, volver a casa, ver la televisión o entrar en las redes sociales y acostarse. Esta rutina diaria conduce al abandono por el interés cultural, político y social. Esta forma de comportamiento surge debido al ingreso económico recibido, cuando se trabaja tanto y sólo puedes cubrir las necesidades básicas, tu vida se centra en lo primordial, sobrevivir. Dejas de lado cualquier distracción por muy importante que sea para tu estado emocional y tu percepción de la felicidad se ve alterada. Por suerte, la mayoría de ciudadanos hace justo lo contrario, luchar por ganar más dinero. Trabajar sus 40 horas semanales y recibir una cantidad de dinero mayor. Son personas que valoran su tiempo y buscan calidad de vida, no sólo sobrevivir. Han hecho el esfuerzo oportuno para dejar la escala de pobre y subir a la de trabajador, también hay quien se ha esforzado más y ahora forma parte de la clase media o la rica. Todo depende de las metas personales de cada uno. Por su parte, la escala social trabajadora se diferencia de la pobre en que sus recursos económicos son más amplios y puede permitirse adquirir artículos innecesarios, pero placenteros. Algunos ejemplos serían acumular ropa en los armarios, no comprar por necesidad la comida más barata, salir con los amigos a tomar algo, irse de vacaciones de vez en cuando, etc. Es la escala donde está la mayoría de los ciudadanos de los países desarrollados. Es la que mueve la economía de un país ya que es la que más gasto genera. Este se puede hacer pagando al contado o financiando las compras, ya sea con las tarjetas de crédito o pidiendo un préstamo bancario. Habrá quien pague los electrodomésticos, los muebles, el vehículo, los viajes, etc. al contado y habrá quien lo financie. Lo importante es que ambos tienen las dos opciones, cada uno escoge su estilo de vida.

En definitiva, que la clase trabajadora tiene acceso a un estilo de vida más placentero que la clase pobre y es que cuanto menos dinero tenemos, más difícil se hace afrontar los gastos imprevistos. Tenemos menos acceso a la financiación económica, nula capacidad de ahorro y otra enorme desventaja es no poder acumular comida. No tenemos la capacidad económica de comprar ofertes del estilo 2×1 o del 3×2, ya que tenemos la cantidad de dinero justo para afrontar la semana. Lo que viene siendo vivir al céntimo justo.

Entonces, viendo la ventajas de formar parte de la clase trabajadora, – ¿Por qué hay personas que no quieren dejar la pobre? – ¿Por qué no quieren ganar más dinero trabajando las mismas horas? – ¿Por qué no quieren dedicar tiempo a adquirir conocimientos generales? – Y ahora que ya has llegado al final del articulo, ¿A qué clase social perteneces?

Por: Omar el Bachiri

Psicólogo clínico y escritor

 

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