¡Soy viajero!

El perfil de esta persona es de alguien práctico y minimalista, ha hecho de su pasión su modo de vida. Trabaja, junta dinero y se va de viaje. Su preferencia es viajar, pero para poder hacerlo ha tenido que invertir tiempo y esfuerzo en adquirir inteligencia emocional y financiera. Te estoy hablando del viajero trabajador, del que depende de un ingreso mensual para poder realizar sus viajes, ya sea empleado o autónomo, no del que tiene la vida resuelta y puede vivir sin trabajar. Gracias a estas inteligencias ha conseguido una fuente de ingresos estable y puede dedicar una parte de ellos a su pasión. Con la financiera controla la gestión de su dinero, encuentra vuelos y hospedaje a precios bastante reducidos y con la emocional, no se deja influenciar por la opinión de los demás. Tiene claro qué estilo de vida ha escogido y no permite que las ideas catastrofistas e inseguridades de los demás interfieran en su camino.

Como te decía, tiene pocas posesiones porque valora más su función, que el simple hecho de tenerlas, no suele acumular objetos, más bien acumula recuerdos, emociones y sensaciones. Ha forjado su personalidad con los conocimientos adquiridos en sus viajes y los ha plasmado en su vida diaria. Es consciente que si viajando alrededor del mundo con una mochila de apenas 12 kilos tiene lo necesario para vivir cómodamente, en su casa tiene que ser algo similar. Tener lo justo y necesario para disfrutar del bienestar, dependiendo del lugar de residencia se desplaza en transporte público o tiene el suyo propio, lo escoge a favor del que menor gasto económico le causa, para así poder dedicar más cantidad de dinero a sus viajes.

Referente a su mochila, solo carga con lo indispensable, tiene algo de ropa, productos higiénicos y algún aparato electrónico. Todo lo demás lo suele alquilar en los lugares donde se queda. Igualmente, aunque le guste mucho viajar, también adora su lugar de residencia y cuanto más viaja, más lo adora, es su refugio, donde recupera la energia y está completamente a gusto. Esta sensación de tranquilidad la encuentra gracias a la relatividad, compara las condiciones de vida de cada lugar que visita y acaba sacando conclusiones positivas a favor del suyo.

Digo recuperar energía porque contrariamente al vacacionista, el viajero se desgasta físicamente, va de un lado para otro, le gusta caminar y recorrer los lugares que visita. Su objetivo no es ir a relajarse o desconectar de las obligaciones diarias, es más bien conocer lugares nuevos, mimetizarse con ellos e interactuar con sus habitantes. Quiere informarse de su modo de vida y aprender de ellos para así mejorar el suyo propio. Aunque todos seamos humanos, dependiendo del lugar de residencia tenemos unas creencias u otras. El viajero rompe estereotipos culturales y no juzga a los demás ni por su origen, ni por su apariencia pues ha estado en esos sitios y entiende su forma de pensar y comportarse.

Otro factor a su favor, es que no se deja influenciar por los medios de comunicación, pues está viviendo en propia persona los sucesos de los que informan. Estos dan su versión de los hechos y el viajero hace exactamente lo mismo, los interpreta por lo que está viendo in situ, tiene mente crítica. No necesita que le cuenten cómo piensa y vive la gente de ciertos lugares, él ha estado ahí mismo y ha interactuado con ellos.

Además, también tiene memoria selectiva, le da más valor a unos recuerdos que a otros, en función de si son productivos o perjudiciales, es capaz de disociarlos. Luego, cualquier circunstancia desagradable la entiende como parte del viaje y en consecuencia su estado anímico no se ve alterado. El retraso de algún vuelo, tren, los atascos en las grandes ciudades, etc. es consciente de todo esto antes de emprender el viaje. Entiende que es estadística, cuanto más se mueve, más probabilidades tiene de perderse o sufrir contratiempos, es más, son la esencia del viaje. Son una forma de aumentar el humbral a la frustración y de reforzar la actitud proactiva.

En muchas ocasiones se encuentra con gente que no habla su mismo idioma y tiene que ingeniárselas para hacerse entender, este hecho pone a prueba su paciencia, que ya de por sí es elevada. Esta virtud está forjada en parte por la cantidad de horas muertas en los aeropuertos, haciendo escalas entre vuelos o porque despegan pronto y tiene que pasar la noche ahí mismo. Pero igualmente, no suelen ser horas desperdiciadas, en muchas ocasiones y en parte gracias a internet, las dedica a mejorar su inteligencia, lee, ve documentales, películas o prepara los próximos viajes. No olvides que es su modo de vida y lo quiere productivo, que le sea rentable, son actos placenteros y los hace exactamente para luego tener más tiempo para dedicar a las visitas o descansar si hace falta.

Es consciente que el tiempo es limitado y lo quiere aprovechar al máximo, por eso mismo cuando tiene que cumplir con sus obligaciones laborales y estar un tiempo sin viajar, disfruta igual de las situaciones. Las entiende como necesarias para mantener su modo de vida y en consecuencia les asocia sentimientos neutros e incluso a veces divertidos. Se aleja de los chismes laborales o simplemente se ríe de ellos, no les da mayor importancia. Gracias a la inteligencia emocional entiende las carencias afectivas por parte de los chismosos y tóxicos, gente que está aburrida y su mayor ocio es juzgar a los demás, sin importarles el daño que puedan causar. Como he dicho más arriba, teniendo en cuenta que es paciente y valora el tiempo, es consciente que las situaciones no duran para siempre, ya sean buenas o malas y esta forma de ver la realidad hace que valore más los buenos momentos que los malos. Se deja condicionar por los primeros, los otros los interpreta como circunstancias que ocurren, sin más.

Por: Omar el Bachiri

Psicólogo clínico y escritor

 

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